"El rodaje de la película fue bastante natural"
Entrevista con Adolfo Strauch.
¿Cómo es volver a juntarse todos los sobrevivientes para hacer un documental?
Estuvo muy inteligente el director de este documental, tuvo una gran perseverancia en juntarnos a todos y conseguir la unanimidad de los 16 sobrevivientes para hacer declaraciones.
Nos juntó de a uno, un día a cada uno, nos tomó declaraciones durante todo el día y nos hizo hablar, que contáramos la historia.
Hizo unas cuantas grabaciones con otros artistas en Montevideo, hizo otras grabaciones en la Cordillera, y logró hacer un trabajo muy importante.
Yo no soy quién para juzgar la película, pero creo que la gente sale bastante impactada de verla, porque la historia está muy bien contada.
¿Cómo fue volver al lugar?
La llegada a la montaña demora dos días. Se hace una parada de una de noche a mitad del camino. Y son dos tramos de cuatro horas a caballo. La llegada es dura, pero volver a ese lugar, donde pasaron tantas cosas y quedaron tantos recuerdos, es una emoción muy fuerte.
Yo he vuelto tres veces nomás, pero cada vez que llego la verdad es que me saltan una cantidad de emociones que durante los 72 días las tuvimos que tener muy contenidas porque no había espacio para los torrentes emocionales. Ahí había que luchar por la vida.
Ahora que volvemos con el estómago lleno y en otras circunstancias aflora una cantidad de cosas que no pudieron aflorar en ese momento.
Es una emoción especial estar ahí arriba. El hecho de que te estén filmando cambia un poco la perspectiva de la cosa, porque a veces molesta un poco que te filmen cuando estás en un lugar tan especial
¿Durante el rodaje de la película tuvieron que hacer muchos cortes porque ustedes se emocionaban o se contaban los hechos con total normalidad?
En general se hizo bastante natural; hubo algún momento muy emocionante, que sale en la película (...), donde a todos se nos quebró un poco la voz.
¿Creés que se ha lucrado mucho con la tragedia de Los Andes?
No, no. Cada cual hizo su papel y se maneja a su manera. Yo creo que la parte del lucro está muy en un segundo plano.
Ustedes vuelven en diciembre de 1972 y en junio de 1973 se da el Golpe de Estado en Uruguay. ¿Cómo vivieron estos dos mazazos juntos en seis meses?
Toda la emoción de la vuelta y el retorno a la vida como que nos aisló un poco de la realidad de lo que estaba viviendo políticamente el mundo y Uruguay en especial. Todo ese primer y segundo año fueron un flujo de emociones y de reencuentros. La gente te trata diferente, te mira con mucho respeto. Nuestra vida fue un poco diferente; la adaptación costó unos años hasta volver a pisar firme. Nos casamos, tuvimos hijos y la verdad es que la mayoría de nosotros no vivimos pensando en la historia, sino que hicimos nuestra vida privada particular.
A raíz de los 30 años (de la tragedia), el partido simbólico en Chile, entre Old Christians y Old Boys, que se hubiera jugado en el 72, en el 2002 tuvo una repercusión mundial muy fuerte. Es ahí como muchos realizamos lo que es la fuerza y la profundidad que tiene esta historia en el mundo, y le empezamos a perder el miedo a meternos y hablar sobre la parte emocional tan fuerte que vivimos allá.
Nos daba como una especie de miedo volver a revivir todo eso, pero después de tantos años la cosa pasó.
¿Sentís que los uruguayos fueron indiferentes a la tragedia de Los Andes?
Si, fue así, pero más que nada por respeto a todas las familias que están dolidas porque se les había muerto alguno de sus integrantes. Creo que en señal de respeto por la cantidad de muertes y la cantidad de dolor que hubo fue que se guardó mucho silencio a nivel de prensa uruguaya y demás...
...¿Ese silencio lo pidieron ustedes?
Nadie lo pidió, pero internamente tú lo sentías. Para que se vayan curando las heridas lentamente. Y así fue. Más adelante, ya pasaron 36 años y lo que era tragedia pasó a ser, más que nada, un aprendizaje. Lo duro, lo difícil y lo trágico se achicó y se agrandó la enseñanza del ser humano y lo profundo que se vivió allí.
¿En algún momento se sintieron héroes?
No. La definición de héroe es otra cosa. El héroe es el que da su vida por un causa superior a él. Nosotros dimos nuestras vidas y peleamos por ellas y por las que nos rodeaban, pero no son actitudes heroicas, son actitudes de un gran sufrimiento
¿En esos 72 días, fueron los días de tu vida donde te sentiste más débil o más fuerte?
Yo, increíblemente, en esos 72 días siempre supe que no me iba a morir ahí, siempre supe que no era mi momento para morirme, entonces, siempre me sentí muy fuerte y contagié fe y optimismo de que íbamos a salir con vida. Lo dudé un poco cuando vino el alud que mató a ocho personas. No sabía qué podía pasar si caía otro alud, pero después, con el deshielo y demás, estaba seguro que de alguna manera volvíamos...
...Y esa sensación ¿por qué?
Es algo interno que me decía que no era el momento (de morir), que estaba para otra cosa. Después, cuando llegué a Montevideo, me enteré que mi madre decía que estaba segura que yo estaba vivo y que iba a volver. Le decían que estaba loca. La fe de mi madre fue impresionante; y capaz que hay como una cuarta dimensión, en la que hay comunicación de algún tipo que uno no sabe bien.
¿Se siguen juntando para jugar al rugby?
(Risas) No, ¿estás loco? Tengo 60 años... (Risas)