Competitividad en la región

La crisis cambiaria en Argentina: perspectivas e impactos en Uruguay

Análisis del economista Pablo Rosselli, socio de la consultora Deloitte, sobre el rumbo de la economía uruguaya en el marco de crisis cambiaria de la región.

(emitido a las 8:41 hs.)

ROMINA ANDRIOLI (RA):
Como ustedes saben, en los últimos días las noticias económicas han estado concentradas en Argentina.

Aquí, En Perspectiva, hemos analizado lo que está ocurriendo en diálogo habitual con nuestro corresponsal y también con los economistas de Deloitte. De todos modos, tenemos muchas preguntas de nuestros oyentes que apuntan en varios casos a comparar la situación actual con lo que sucedió cuando Brasil devaluó en 1999 o con las similitudes y diferencias que encontramos hoy respecto a fines de 2001, cuando la convertibilidad ingresaba en su fase Terminal. Por eso, nos pareció que valía la pena volver a hablar de Argentina, y para eso estamos en diálogo con el economista Pablo Rosselli, socio de la consultora Deloitte.

Más allá de la incertidumbre que podemos tener hoy en relación al futuro de Argentina, ¿cuáles son las tendencias más probables?

PABLO ROSSELLI (PR):
Pese a la incertidumbre que tenemos, a nuestro juicio, hay algunas tendencias que parecen muy probables. Primero, tendremos una aceleración inflacionaria, Argentina tuvo varios años de inflación en torno de 25% anual (o un poquito más), este año parece difícil que la inflación sea menor a 35%. Segundo, la suba del dólar oficial a 8 pesos difícilmente sea la última, por el contrario, veremos nuevas subas del dólar oficial, que serán acompañadas con subas del dólar blue. Tercero, el dólar está subiendo más rápido que los precios, dicho en otros términos, Argentina se está abaratando en dólares y para Uruguay eso quiere decir que estamos perdiendo competitividad con nuestro vecino.

RA - ¿Y puede Argentina terminar en un escenario de recesión y devaluación como el que vimos a fines de 2001 y principios de 2002?

PR - Parece más probable que Argentina termine en un escenario de estancamiento económico o con una caída moderada de la actividad que en un escenario comparable al de 2001 y principios de 2002, cuando ingresó en una recesión muy fuerte que terminó en una maxi devaluación. El punto central es si la suba de la inflación que vamos a ver va a conducir a una caída fuerte del gasto público o si, por el contrario, el gasto también va a ir ajustándose al alza para no separarse mucho de la inflación. Y ese es el escenario que probablemente veamos. Eso le puede permitir al Gobierno mantener un nivel de actividad más alto, pero a costo de una enorme distorsión de los precios relativos que va a afectar mucho la inversión y el crecimiento en el largo plazo.

En definitiva, nos parece que si tenemos que buscar referencias históricas, Argentina está ingresando en un escenario similar al que vivió en los años 80: tipos de cambio múltiples, devaluaciones sucesivas y estancamiento con inflación, aunque la inflación por ahora será mucho más baja que en aquellos años.

RA - ¿Y cómo está Uruguay ante ese contexto? Está claro que Uruguay perdió competitividad con Argentina; también la perdió con Brasil. Nuestros oyentes nos hacen preguntas como esta: "¿Qué nos diferencia hoy del contexto que vimos en el 99, cuando Brasil devaluó? Uruguay no lo siguió y terminamos pagándolo caro".

PR - Está claro que Uruguay está muy caro frente a los dos países vecinos, y la experiencia histórica de inicios de los 80 y de fines de los 90 nos muestra que Uruguay no puede tener, por mucho tiempo, precios muy diferentes de los que encontramos en nuestra región.

De todos modos, para valorar mejor el contexto actual y los riesgos que enfrentamos, es necesario identificar además de esas similitudes con aquellos otros períodos, las diferencias que surgen de algunas fortalezas importantes.

RA - También tenemos preguntas en esa dirección. Por ejemplo, algunos oyentes nos preguntan acerca de cuán similares pueden ser los efectos de la crisis en Argentina en comparación con el contagio que tuvimos en 2002.

PR - A nuestro juicio, hay varias fortalezas. En primer lugar, si pensamos en el frente fiscal, aunque las cuentas públicas están mostrando un déficit mayor al deseable, el Gobierno logró en los últimos diez años mejorar enormemente el perfil de la deuda. Hoy tenemos una baja dolarización de la deuda del Gobierno y el plazo de esa deuda es muy largo. Además, el Gobierno cuenta con numerosas reservas. En segundo lugar, mirando al sistema financiero, no vemos un riesgo de contagio como sí ocurrió en 2002 por la crisis en Argentina. Los depósitos de no residentes tienen una incidencia notoriamente menor en el sistema bancario y los bancos cuentan con mucha liquidez y con más patrimonio. En tercer lugar, el mercado argentino ha perdido importancia para nuestras exportaciones de bienes. También ha perdido importancia relativa el mercado brasileño. En 1998 la mitad de las exportaciones uruguayas de bienes iban a la región; hoy ese porcentaje ha bajado a 25%, y en Argentina solamente vendemos el 5% de las colocaciones de bienes. En cuarto lugar, los precios de las materias primas que el país exporta a los mercados extrarregionales se mantienen en niveles altos en términos históricos (aunque hay cierta presión bajista). Eso marca una diferencia muy notoria con la situación de fines de los 90 y principios de 2000. En los últimos 10 años, el país incrementó fuertemente sus exportaciones de materias primas, eso nos hace más vulnerables a ajustes de esos precios pero nos ha permitido bajar la incidencia que tiene la región sobre Uruguay. Y por último, mantenemos por ahora niveles muy altos de inversión y el mercado de trabajo está firme.

RA - Y en términos más concretos, ¿por qué importan esas fortalezas? ¿Cómo pueden terminar jugando?

PR - Debido a esas fortalezas no deberíamos esperar el tipo de consecuencias financieras que vimos en 2002. No tendremos ahora corridas bancarias; el Gobierno tampoco tendrá dificultades para financiar su déficit fiscal o para renovar su endeudamiento. El Gobierno no tiene por ahora necesidad de ajustar fuertemente las cuentas públicas. En 2002 la crisis bancaria, la falta de financiamiento del sector público y la necesidad de contraer mucho el gasto del Gobierno fueron factores que profundizaron la tendencia recesiva que se generó primero con la devaluación brasileña, luego con la crisis de la aftosa y después con la crisis argentina. La fortaleza de los commodities y la menor importancia que tiene la región para nuestras exportaciones de bienes también supone que el efecto inmediato en la actividad económica tendría que ser notoriamente menor que en aquella oportunidad.

Pero esas fortalezas no nos hacen inmunes, en todo caso, nos dan cierto tiempo para corregir nuestros puntos débiles.

RA - ¿Y cuáles son los puntos débiles?

PR - Recién decíamos que las fortalezas del país nos dan cierto tiempo. Pero si Uruguay se queda por mucho tiempo más caro que los vecinos, eso puede terminar conduciendo a efectos muy negativos sobre la actividad económica y sobre el empleo. Lo que ya hemos visto en Brasil primero y ahora en Argentina conduce a una caída de la actividad turística; además, los uruguayos gastan más en el exterior y eso también afecta nuestra actividad comercial. Las exportaciones de otros servicios, como los logísticos, también se ven afectadas por lo que sucede en Argentina, y la construcción y la ocupación en ese sector, sobre todo en el este del país, va a mostrar una caída producto de la crisis en Argentina. Todo eso conduce a una desaceleración de la economía, desaceleración que puede llevar inclusive a una caída del nivel de actividad del país y de la ocupación si nos quedamos por demasiado tiempo con costos muchos más caros que los vecinos.
 
Por eso es necesario que el dólar suba más en Uruguay pero la inflación es muy alta (en torno de 8,5% o 9% anual). Entonces eso deja poco espacio para que en nuestro país podamos tener una suba importante del dólar sin que eso plantee un riesgo de que la inflación alcance un valor mayor a 10%.

RA - ¿Por qué hay tanta insistencia en que la inflación no pase de 10%?

PR - A nuestro juicio, luego de muchos años de incumplimiento del objetivo de inflación por parte del Banco Central, las expectativas inflacionarias se han consolidado en niveles elevados pero la gran mayoría de los agentes espera que la inflación no pase de 10%.

Si producto de una suba fuerte del dólar, que podría venir a raíz de este contexto externo más adverso, la inflación anual pasara de ese nivel, eso podría tener impactos en las expectativas de inflación. Si los agentes empiezan a considerar que la inflación se situará arriba de 10%, será luego más difícil para el Banco Central encauzar la inflación hacia valores más reducidos. Además, no debemos perder de vista que los acuerdos salariales terminan incorporando en los ajustes todo el incremento de la inflación. Por lo tanto, una suba adicional de la inflación, empujaría los salarios y le daría más inercia a la inflación.

RA - ¿Y qué puede hacer el Gobierno en este contexto?

PR - En un año electoral vemos poco espacio para que haya modificaciones en la política económica. Un punto relevante es que esta corrección cambiaria en Argentina es de carácter permanente. No pensemos que la suba de la inflación en Argentina nos va a solucionar este problema de competitividad. Con lo cual, no se deberían implementar medidas sobre la hipótesis de que estamos ante un problema transitorio. Medidas que tengan un costo fiscal para alentar la demanda de argentinos, por ejemplo, no parecen el tipo de respuestas necesarias para esta situación. Va a ser necesario que las empresas que exportan bienes a Argentina y nuestro sector turístico logren costos en dólares más bajos. Para eso se precisa un tipo de cambio mayor y la restricción que estamos observando, como decía recién, es la inflación. Entre tener un objetivo de inflación de menos de 10%, que parece un objetivo más que importante de cuidar, y el de tener un tipo de cambio más alto hoy hay un dilema realmente muy fuerte.

En el pasado comentamos que la política salarial debía tener una moderación para dejar un espacio de suba mayor del dólar, porque muchos elementos apuntaban a que tendríamos un marco externo más adverso, pero eso no ocurrió en esta última ronda de negociaciones y eso hoy deja poco espacio de acciones relevantes para la política económica. A nuestro juicio, el próximo Gobierno deberá abordar este tema porque los aumentos salariales comprometidos no parecen consistentes con este nuevo marco externo. De todos modos, antes de eso, parece bastante claro que si el Gobierno extenderá por ejemplo los seguros de desempleo en algunos sectores, entonces no tiene sentido continuar en esos casos con ajustes salariales. No se puede sostener que los salarios deben continuar aumentando cuando las empresas no tienen suficiente demanda por sus productos o servicios. Pero como decía recién, es difícil que en un año electoral se procesen discusiones de este tenor, será tarea del próximo Gobierno.

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