Conflicto israelo-palestino

Un atentado con víctimas fatales en una sinagoga en Jerusalén hace tambalear los diálogos de paz en Medio Oriente

Contacto con Ana Jerozolimski, colaboradora de En Perspectiva en Jerusalén.

(emitido a las 7.48 hs.)

EMILIANO COTELO:
El gobierno uruguayo condenó enérgicamente el atentado terrorista ocurrido ayer en una sinagoga de Jerusalén. El incidente dejó un saldo de once israelíes muertos: ocho civiles, dos policías y un soldado. También murieron, abatidos por las fuerzas de seguridad, los dos atacantes, que habían llegado hasta la sinagoga armados con cuchillos, hachas y armas de fuego.

El comunicado difundido por la cancillería dice de manera textual: "El Gobierno de Uruguay condena de la forma más enfática el brutal ataque terrorista perpetrado por dos ciudadanos palestinos a una sinagoga en el barrio de Har Nof de Jerusalén en la mañana de hoy (por ayer), en el que perdieron la vida cuatro personas y otras seis fueron heridas de gravedad.

Este acto, de inusitada crueldad y violencia, agrede los más elementales sentimientos de humanidad y agrava aún más su contenido de odio y desprecio al perpetrarse en un lugar de culto religioso considerado como sagrado por la comunidad judía de Jerusalén.

El Gobierno y pueblo uruguayo extienden sus más sentidas condolencias y solidaridad con los familiares de las víctimas, el pueblo de Israel y sus autoridades.

El Gobierno uruguayo repudia asimismo la reacción de Hamas en apoyo a este atentado y reitera la tradicional posición del Uruguay, haciendo un llamado a la calma y a la contención de las distintas partes, para evitar que actos como estos generen una espiral de violencia que torne muy difícil reducir los niveles de tensión y la reanudación del diálogo con miras a una solución pacífica del conflicto."

Según el diario El País, este pronunciamiento fue bien visto por el Gobierno de Israel, cuya embajadora en Montevideo agradeció la rápida reacción del Poder Ejecutivo de nuestro país.

¿Qué significa este hecho? ¿Cuál es el contexto en el que ocurren? Vamos a conversarlo con nuestra corresponsal en Jerusalén, Ana Jerozolimski.

Tú vives allí, en Jerusalén, ¿podríamos ubicar los antecedentes para los oyentes? Desde hace varios meses esa ciudad viene viviendo episodios de violencia. ¿Qué ha estado pasando?

ANA JEROZOLIMSKI:
Por supuesto que este tipo de escenas no son nuevas, aunque este atentado, sin duda uno de los peores de los últimos años, es visto con singular gravedad por haber tenido como blanco un sitio de oración, pero también es serio cuando atacan a un ómnibus lleno de civiles, una parada de ómnibus, o un restaurante con gente sentada tomando un café.

El ataque está en el marco de la escalada de las últimas semanas, si mal no recuerdo el primer atentado fue una embestida con coche a gente parada en una estación esperando el tren ligero. Un auto se desvió de su curso y atropelló a la gente que estaba allí esperando. Si mal no recuerdo fue el 20 de octubre. La gravedad de la situación ha ido en aumento, y sin duda el atentado de ayer fue el peor, no solo por la cantidad de víctimas sino más que nada por el impacto que causa el ver las escenas en el lugar del atentado: judíos que estaban orando envueltos en el manto de oración caídos en un charco de sangre.

El trasfondo es la evidente incitación a la violencia contra Israel con tintes religiosos de parte tanto del grupo Hamas como de diferentes fuentes palestinas que no necesariamente ostentan un cargo oficial. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, acusa al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, de haber colaborado, pese a que él ayer condenó el atentado, porque hace pocas semanas llamó a impedir, "sea como sea", que judíos suban al Monte del Templo -recordemos que es la zona donde para los judíos estaban los templos sagrados-, pues si el presidente palestino usa esos términos, "impedir sea como sea" que judíos suban a esa zona, eso es un trasfondo problemático para quienes luego deciden traducir en un ataque concreto.

EC – ¿Qué ha ocurrido en estos meses en torno a la mezquita de Al-Aqsa, allí en la Explanada de las Mezquitas? ¿Por qué algunos israelíes están pidiendo el derecho a rezar allí, pese a que se trata de un lugar reservado a los musulmanes?

AJ – Ese es un tema importante.

EC – Te lo consulto porque hay quienes sostienen que ahí está el origen de esta violencia.

AJ – Claro. Primero que nada recordemos los términos: lo que los judíos llamamos el Monte del Templo es la zona donde están hoy las mezquitas de Al-Aqsa y el Domo de la Roca, la mezquita que más sale en las imágenes que todos conocen de Jerusalén. Los musulmanes llaman a ese lugar Haram al Sharif, que quiere decir algo así como el Noble Santuario. La mezquita de Al-Aqsa concretamente es una pequeñísima parte de todo ese complejo enorme, es una explanada gigantesca que tiene una superficie de 150.000 metros cuadrados, un guía me dijo que es como dos estadios de fútbol. Al-Aqsa es una mezquita relativamente pequeña que está en la punta de ese complejo. Siglos atrás estaban allí los templos sagrados del judaísmo, el primero construido por el rey Salomón, el segundo por Herodes, este último fue destruido en el año 70 de nuestra era por el Imperio Romano. Siglos después, recordemos que el Islam nació en el siglo VII, fueron erigidas allí las mezquitas de Al-Aqsa y el Domo de la Roca. 

Hay grupos judíos dentro de Israel que, aunque no representan la posición oficial del gobierno, exhortan a las autoridades a permitir que judíos puedan orar en el Monte del Templo, no en las mezquitas sino en la Explanada de afuera. Inclusive los judíos más religiosos dicen que no se puede ni siquiera subir a esa zona, como no hay certeza de en qué punto exacto estaba el Arca de la Alianza Sagrada corren el riesgo de profanar ese punto más sagrado. Hay grupos de judíos religiosos que exhortan a las autoridades a cambiar la situación actual de que solamente los musulmanes pueden rezar en sus mezquitas y no musulmanes, tanto judíos como cristianos, pueden subir al Monte pero no rezar. Piden que sí se permita rezar, no destruir las mezquitas ni entrar siquiera, pero poder rezar afuera, lo cual es rechazado por los musulmanes de plano. El gobierno israelí, no por considerar que del punto de vista religioso los judíos no tienen ese derecho, sino por no pisar sensibilidades delicadas, rechaza esta idea y oficialmente se mantiene el estatus quo. 

Personalmente pienso que puede haber musulmanes que auténticamente no le crean las aclaraciones a Netanyahu, y piensen que si se cambia el estatus quo y se permite a los judíos rezar ahí, y no solo visitar como se hace ahora, eso puede llevar a que Israel tome el control religioso de la zona. Yo pienso sinceramente que ese tema, aunque está claro que no es la posición oficial del gobierno, fue utilizado por quienes incitaron a la violencia para destacar una arista religiosa del conflicto israelo-palestino, lo cual es sumamente problemático y peligroso y tuvo como una de sus expresiones más cruentas el atentado de ayer en Jerusalén.

EC – ¿Quiénes reivindican este ataque del martes, quiénes se hacen responsables?

AJ – Hasta ahora no he visto una reivindicación oficial, lo que sí hay es una felicitación abierta de parte de Hamas, que no solo elogió el atentado sino que exhortó a palestinos donde quiera que estén a que cometan más atentados de este tipo. Yo diría que el problema va más allá de la reivindicación oficial, de la responsabilidad  formal que un grupo pueda asumir en cuanto a este ataque cometido por dos primos de la familia Abu Yamal en la zona Yabal al Mukaber en Jerusalén. El problema es que no se oye una condena al atentado en forma amplia, clara, de parte de la sociedad palestina. Yo no tengo ninguna duda de que civiles comunes están en contra, pero lo que sale en las redes sociales es lo de los radicales que felicitan, las imágenes de palestinos con hachas en la mano como símbolo de que actúan como en el atentado de Jerusalén, imágenes también de miembros de la familia de estos jóvenes repartiendo golosinas, señal de celebración, y caricaturas ridiculizando a las víctimas. Por ejemplo, una caricatura difundida creo que por el propio Hamas muestra un hacha con la sangre chorreando con el dibujo de la mezquita de Al-Aqsa sobre el hacha y dice en un costado: "Por ti, Al-Aqsa". Los radicales palestinos alegan que Israel pone a Al-Aqsa en peligro y que quiere cambiar el estatus quo del lugar en cuanto a los permisos de rezo, lo cual ya fue categóricamente desmentido por Netanyahu.

EC – La pregunta a continuación es qué consecuencias puede tener este hecho, porque Netanyahu ayer advirtió que su gobierno va a reaccionar con "mano de hierro".

AJ – Te diría que esa es la guerra semántica, la terminología es muy conocida y no cambia después de cada atentado. Uno se pregunta qué se puede hacer, es casi humor negro pero en la época característica de los atentados suicidas en la Segunda Intifada uno se levantaba no con la pregunta de si hoy habrá un atentado, había días en los que uno se preguntaba a qué ciudad le tocará hoy, dónde volará hoy un ómnibus. Después de cada atentado suicida de aquellos días atrás o de esta escalada de ahora, las opciones… no es que hay algo mágico que va surgiendo. Por un lado está la opción de demoler las casas de los responsables, lo cual también requiere un proceso jurídico, no es así no más, y aunque lo parezca no es algo de carácter punitivo meramente sino un intento de tener un efecto disuasivo ante posibles atacantes futuros. Está la posibilidad de congelar los fondos que Israel transfiere a la Autoridad Palestina originados en los impuestos de los palestinos que trabajan en Israel, como se ha hecho en circunstancias similares, como modo de presión.

Más allá de las decisiones que tome el gobierno, que por supuesto convoca al Gabinete de Seguridad y aclara que hay alerta máxima y que los terroristas pagarán, todo ese tipo de declaraciones que hay siempre después de atentados de este tipo, el tema de fondo es cómo se vive en la vida diaria en una situación así. Por ejemplo, yo le digo a mi hijo: "Cuando esperás el tren para volver del liceo por favor esperá atrás de la parada, no estés al frente, no estés jugando con el celular, estate con los ojos abiertos, mirá alrededor, y recién cuando llegue el tren salí de atrás y subite", porque quizás a algún enajenado se le dio por traducir la incitación que oye en un atentado y ataca. Ese es el dilema de la vida diaria de la gente que simplemente va al trabajo, va a estudiar y puede en cualquier momento convertirse en blanco de un atentado.

EC – Sí, es interesante lo que tú planteás en cuanto a la vida de todos los días. Quizás también podemos ver el impacto que hechos como estos puede terminar teniendo en la posibilidad de que se reencauzara un diálogo en busca de la paz entre israelíes y palestinos.

AJ – Ante todo está clarísimo, me parece que cualquier mente normal entiende que precisamente cuando la situación es tan grave lo imprescindible, lo urgente, sería volver a negociar, se negocia con los enemigos, no con los amigos, ¿cuando todo está perfecto y no hay desacuerdos para qué tenés que sentarte a negociar? Está clarísimo que lo mejor sería sentarse a hablar. El problema de fondo es que esto que está pasando ahora es corolario de una situación que se ha ido deteriorando de gran desconfianza entre las partes. Uno se pregunta concretamente, más allá del sueño y el ideal, si es realmente factible que eso pase ahora. Recordemos que había un proceso de paz muy complejo, con muchos sobresaltos y altibajos que fue interrumpido por decisión de Israel cuando a fines de mayo el presidente Abbas decidió concretar la formación de un gobierno que se presentó como de conciliación nacional, que no era exactamente un gobierno de unidad, se dijo que era un gobierno de tecnócratas apoyado de afuera conjuntamente por Al Fatah y Hamas. En ese momento Netanyahu dijo: "Abbas tiene que optar entre paz con Israel o paz con Hamas" y decidió dejar la mesa de negociaciones por ese problema. Después vino, como sabemos, la guerra en Gaza que por supuesto agudizó más aún todos los nervios, agravó la situación, y hasta ahora no se ha vuelto a negociar.

En la situación actual me cuesta ver a las partes volviendo a las mesas de negociaciones cuando Israel, aunque no vea a Abbas como algo igual que Hamas, claramente sostiene que está hablando en los últimos tiempos con lenguaje de enemigo y que de esa forma no se puede sentar en la misma mesa.


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