La disconformidad estética como trastorno psicológico
El síndrome dismorfo fóbico o dismorfofobia es una afección que padecen aquellos que no pueden encontrarse en la imagen que el espejo les devuelve y para lograr cambios que puedan satisfacerlos recurren constantemente a las irugías plásticas. Este tipo de síndrome provoca una búsqueda permanente y preocupación excesiva por un defecto corporal mínimo o por defectos corporales imaginarios.
La fobia, una patología que cobró popularidad en los últimos años, se describe como el miedo intenso, persistente, excesivo e irracional a determinados objetos o situaciones, según afirman los especialistas. A partir de este temor, la persona que lo padece entra en un estado de ansiedad y desesperación que no le permite enfrentar la situación referida.
Pero cuando la fobia no se manifiesta como miedo a un objeto o situación determinada, sino como manifestación de una imagen no deseada, se presenta la dismorfofobia o el síndrome dismorfo fóbico que se caracteriza por la "preocupación excesiva por un defecto corporal mínimo o por defectos corporales imaginarios", informó Pro-Salud.
Esta patología, también llamada Trastorno Dismórfico Corporal, fue definido en 1886 por el psiquiatra italiano Enrico Morselli como "la conciencia de la idea de la propia deformidad, el individuo teme `ser o convertirse´ en deforme".
"Las personas que sufren este trastorno, que indudablemente está muy relacionado con el plano psicológico, son definidas por algunos autores que tratan el tema como `Blade Runners o locos del bisturí´. Cuando el síndrome está llevado al extremo, llegan a marginarse de la sociedad, es decir, que no trabajan o se quedan encerrados en su casa", detalló Jorge Alberto Tek, médico especialista en cirugía estética y reparadora, miembro titular de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires y uno de los precursores en el tratamiento de este tema.
A partir de su experiencia en el consultorio y en el Hospital Paroissien de La Matanza, Tek pudo observar que existe actualmente en la sociedad una tendencia a la exaltación de la estética que a menudo sirve para canalizar frustraciones de otro tipo. "Si bien toda persona que llega al consultorio de un cirujano plástico quiere modificar algo de su imagen, a menudo escuchamos frases del tipo `doctor, estoy horrible, mire lo que es mi panza, me siento tan fea que no dejo que mi marido me toque ni que me mire´. En ese momento debe aflorar la ecuanimidad y la sensatez del especialista para procurar controlar el deseo irrefrenable de la paciente de realizarse una intervención tras otra", señaló el especialista.
Según informan los especialistas, lo más importante es remarcar que la cirugía no puede terminar con la angustia o frustración y entonces, a menudo, se entra en un círculo vicioso. "Puede pasar que una persona se opere la nariz y después va a querer operarse la cara y luego las mamas o la panza y así sucesivamente tratando de lograr la satisfacción. Pero con la cirugía no va a lograr encontrar la solución a su dismorfia", explicó Tek; dado que lo que subsiste en las personas que acuden al consultorio del cirujano plástico es un sentimiento propio y subjetivo de fealdad que el potencial paciente cree que es evidente para los demás.
"La cantidad de horas que los potenciales pacientes invierten en pensar en los defectos corporales que tienen aunque éstos sean frutos de su imaginación. Por otra parte, suelen mirarse continuamente al espejo que les devuelve una imagen distorsionada de la realidad y también es muy frecuente que le pregunten constantemente a la familia y los amigos sobre su aspecto físico", señaló Tek. "El principal inconveniente es que si bien alrededor del 50 por ciento de quienes sufren dismorfofobia recurre al cirujano, no encuentran solución a su problema, debido a que éste se acerca más a una cuestión mental cuyo remedio suele estar más cerca de la psiquiatría que de lo estético", indicó.
Por otra parte, a menudo el síndorme es subvalorado puesto que la preocupación por la belleza es considerada normal. Por esa razón resulta fundamental establecer la distinción entre preocuparse y obsesionarse por la imagen; es necesario marcar el límite entre lo normal y lo patológico. Desde los medios, impera hoy una tendencia a naturalizar las cirugías estéticas. Tek no coincide con esta visión y afirma: "las cirugías no son la panacea, por eso hay que evitar comercializar algo que no es comercializable. Hay que explicarle a cada paciente los pro y los contras, lo que puede salir bien y las complicaciones que pueden surgir. Por eso decimos siempre, `primero la vida, después la función del órgano y por ultimo la estética´".
Otro punto importante es el entorno de cada uno, porque si hay problemas durante o después de la intervención, empiezan a surgir los reproches y recriminaciones por parte de la familia y eso no le hace bien ni al paciente ni al cirujano.
Fuente: Pro-Salud