Sociedad

La complejidad detrás del número: 1.887 niños y adolescentes en situación de calle

Un reciente relevamiento diurno sostiene que hay 1.887 niños, niñas y adolescentes en situación de calle en Montevideo y el área metropolitana. Se trata del "Relevamiento para dimensionar la cantidad de niños, niñas y adolescentes en situación de calle", realizado por el INAU, el Programa Infamilia y el Ministerio de Desarrollo. En 2003 el número era de 3.100, lo que significa un 40% menos aproximadamente.

GONZALO SOBRAL:

El lunes 17 se presentaron oficialmente los primeros resultados del relevamiento para dimensionar la cantidad de niños y adolescentes en situación de calle. El trabajo realizado en forma conjunta por INAU y el Programa Infamilia del Ministerio de Desarrollo Social, constató la presencia de 1.887 niños y adolescentes en situación de calle en Montevideo y área metropolitana.

Este número es un 40% inferior al recogido por un estudio realizado por Gurises Unidos, en el año 2003, que era uno de los antecedentes importantes en la materia.

Además de esa cifra, el estudio presenta otros datos y lecturas que merecen un análisis. Por esa razón, nos acompaña el sociólogo Julio Bango, director del Programa Infamilia.

¿Cuándo se define que es un niño o adolescente en situación de calle?

JULIO BANGO:

Más que el tiempo de duración (que es importante, porque si un niño no está más de tres o cuatro horas en la calle, puede ser que ese niño esté de paso) lo que más define la situación de calle es el tipo de actividades que realiza. Si tú tienes un día dentro de un asentamiento, ese niño no es considerado en situación de calle. Porque está en un contexto que puede, por las características de exclusión social y de las personas que viven ahí, no es considerado en tal situación. Pero si ese niño es visto pidiendo una moneda, limpiando parabrisas, deambulando por la ciudad, subiendo y bajando de los ómnibus, vendiendo, haciendo malabares... ahí se considera que estamos frente un niño o niña en situación de calle.

Por otra parte, hay distintos grados de riesgos. El hecho de encontrar un niño en la calle de día (de mañana o de tarde) ya es un riesgo, pero un riesgo aún mayor es encontrarlo en la noche, por razones obvias que no es necesario explicar.

Además, los niños de calle pueden tener diferentes grados de vinculación con su familia. La clave para lograr un proceso exitoso de salida de los niños de calle es reconstruir los vínculos con su familia de origen. Por suerte, en la enorme mayoría de los casos, los niños y niñas no han perdido ese vínculo; aunque obviamente está debilitado. Sí hay otros que efectivamente lo han perdido y ahí nos enfrentamos a un problema de proporciones.

ALEJANDRA BORQUES:

Hablamos de que son 1.887 niños y adolescentes en las calles de Montevideo y área metropolitana, para quitarnos lo que quizá es para muchos la imagen del niño en el semáforo o en la plaza. ¿Cómo fue el procedimiento por el cual se llegaron a estos datos? ¿Cómo se hacía el relevamiento? ¿Se hablaba con los niños?

JB – No. Este relevamiento fue hecho a partir de una observación sin contacto y la metodología de intervención fue primero en base a la información de los operadores de las organizaciones no gubernamentales y del propio Inau.

Ya conocemos los puntos y rayas de concentración, como llamamos nosotros, donde hay niños y niñas de calle. Es decir, puntos clásicos de la ciudad y en este caso del área metropolitana de Montevideo, pero también trayectos como puede ser el corredor de 8 de Octubre, General Flores, Garzón, 18 de Julio, la Rambla, donde hay concentración de niños en situación de calle.
Ahí se hizo un relevamiento total, de todos los niños que se vieron. Pero luego también intentamos hacer un muestreo en segmentos censales, que son zonas del departamento de Montevideo. Hicimos un muestreo probabilístico que nos permite proyectar de alguna manera, para todo el departamento, con criterio de absoluta certidumbre, confiabilidad y validez estadística. Nos permite estimar el número que surge de sumar ese censo realizado en los puntos y rayas, más el muestreo probabilístico. Y ese número nos da 1.887 para todo Montevideo, el eje de la Ruta 8 de Canelones, Barros Blancos, Pando, el eje de la Ruta 5 que es La Paz, Las Piedras, Progreso, y el eje de la Ciudad de la Costa, que básicamente fue Colonia Nicolich y Paso Carrasco.

SANTIAGO DIAZ:

¿Y qué lectura se puede hacer de esa cifra exactamente? Porque no deja de ser una cifra fría, pero es sensiblemente menor al antecedente que se tenía.

LB – Es muy difícil tener una estimación, obviamente, y es lo más impresionante para nosotros. Hay una reducción de 40% comparado con 2003. Es decir, hay 1.213 niños que ya no están más en la calle y eso es muy importante. Aquí tenemos riesgo con estas poblaciones y tenemos que lograr que no retornen, pero efectivamente hay 1.213 niños que no están más.

Estuvimos viendo de comparar con algunas ciudades latinoamericanas, pero no hay estudios realizados, salvo en el caso de Bogotá, donde hay un estudio pero que ya tiene bastantes años. La proporción de niños en la calle en Montevideo en relación a la proporción de calles en ambas ciudades daba una relación inferior. Teníamos una menor proporción de niños de calle en Montevideo. No pudimos comparar con ciudades como Buenos Aires o Santiago, más próximas, con culturas más similares. Porque no había estudios de referencia para tomar en cuenta.

Si tomamos, por ejemplo, con relación a la reducción de indigencia, prácticamente la reducción de los niños de calle es parecida a la reducción porcentual de la indigencia. Es más alta la reducción de los niños de calle que la reducción de la pobreza infantil. Son medidas o parámetros que uno puede tomar para intentar precisar ese 1887.

Yo estuve acá hace un tiempo y dije "el fenómeno de calle es un fenómeno complejo que obedece a un montón de factores". La salida de estos niños de la calle también obedece a un montón de factores. Hay que poner las cosas en sus justos términos.
Creo que, por una parte, esto afirma la política que tuvo el INAU con relación a los niños en situación de calle. Los dispositivos que el INAU ha implementado, e incluso en conjunto con Infamilia, del Ministerio de Desarrollo Social, han sido exitosos.

Nosotros dimos en agosto cifras de una reducción del 40% de niños que han salido de la calle sobre 664 niños con los que trabajamos en el Programa Infacalle. Pero también es cierto que seguramente operaron otros factores: mejores ingresos de los padres de esos niños, que hicieron que surgiera una alternativa de ingresos que permitió que no fuera necesario que los recolectara el niño. Si eso es así, también habla de que hay una cultura en el hogar donde, teniendo los ingresos, el niño ya no va más. Eso es muy importante.

El desempleo arrancó en 19% y hoy estamos en 8,5%, 8,6%, y seguramente eso tiene que ver. Hay un conjunto de factores que tienen que ver con la salida de estos chicos.

GS – Cuando hacés ese análisis de que la familia que mejora sus ingresos saca a los niños de la calle, recuerdo que decías en tu última entrevista que es cuando la familia precisa un ingreso extra y el niño con mendicidad o trabajo, juego, malabares y demás... Pero también contabas que había otra situación: la del niño que se va y está en la calle porque en realidad se desmembró el núcleo familiar, con el ejemplo de los padres presos, o que no quieren vivir con sus padres. Y otra cosa que marcabas: la calle es mucho más atractiva y divertida que lo que muchas veces viven en su casa. Esos niños serían como el núcleo más duro de sacar de la calle, porque la calle es una decisión propia.

LB – Exacto, y ahí está el elemento, más allá de mala dimensión material que tiene que ver con los ingresos, con la dimensión cultural, que es mucho más compleja. Porque se necesita más tiempo para moverla. Si un padre o una madre no entendió que ese niño está corriendo riesgos a pesar de que traiga ingresos, la cosa la tenemos complicada y se suma a eso que decías.

El 70% de los hogares que vimos en el Programa Infacalle tenían situación de hacinamiento. O sea que a veces el niño no tiene donde estar, o vive en un lugar que se llueve o tiene piso de barro. A veces es mucho más sencillo o más agradable salir. Y ese niño está corriendo riesgos en la calle y también corre riesgos donde vive. El problema de fondo, lo he dicho y lo repito, nosotros vemos 1.887, pero hay un montón más, es que desde la perspectiva del ejercicio y goce de los derechos, tampoco están pudiendo ejercer sus derechos.

AB – Una vez detectado esto, no hay corrimiento, se mantienen en los mismos lugares, hacen las mismas cosas, comparten espacio con otros niños... ¿Con estos datos qué?

LB – Con estos datos (y hay más porque está el tema de los datos de la noche que creo que son muy relevantes) hay algunas certidumbres y algunos desafíos. Primero, certidumbres, porque vamos bien en el sentido de que hay programas que están logrando que los niños vuelvan con su familia. Pero también nos marca un desafío. En función de la cobertura que tiene INAU de programas en la calle y la cantidad de niños, estos 1.887, estamos llegando aproximadamente a un 50%. O sea que hay que llegar a más. Y hay que trabajar más para llegar a más niños y niñas que no tienen tipos de atención, o la tienen pero es demasiado parcial como para lograr resultados.

AB – Uno supone que, a partir de ahora, lo que implicará la detección y la ubicación de estos niños es el acercamiento a ellos para devolverlos, no sacarlos.

LB – Sí. Nosotros hemos georeferenciado la presencia de estos niños, sabemos exactamente donde están. No damos esos detalles. Hemos construido zonas porque no es necesario para el público que se sepa dónde están sino que es necesario para los autoridades y para que hagan mejor su trabajo. Y eso está llevando a una reprogramación que está efectuando INAU para ver si los convenios que está manteniendo, o los servicios propios que está manteniendo, están en los lugares donde hay mayor concentración o hay que moverse o ampliar.

Una segunda cuestión: el INAU acaba de firmar un convenio con CIPFE para ampliar un hogar para niños y tener lugares donde recibirlos. Se están acomodando infraestructuras, porque para sacar a un niño para el que la calle es muy atractiva, lo tenés que llevar a un lugar que tenga una atracción similar, porque si no el niño va a entrar y se va a ir.

Se está en un proceso y se han hecho un montón de licitaciones donde se están reformando y refaccionando lugares. Se están comprando casas también para nuevos lugares de acogida, pero que tengan características atractivas para estos niños y que representen una opción real mientras se hace el proceso de contactarlos con su familia. La idea es que sea un lugar de pasada y que vuelvan a su familias.

SD – Hay como una especie de naturalización del problema, de parte de las familias de esos niños, de los propios niños y del entorno, de todos nosotros que ya vemos como algo normal el que haya niños en la calle. Hay 1.887 en este momento, ¿podemos aspirar a que haya cero o hay un nivel que nunca se va a poder bajar?

LB – No estoy seguro de darte una respuesta contundente. Yo no sé si vamos a lograr que tengamos cero, pero creo que es un objetivo que hay que plantearse. Un gobierno no puede asumir que no va a haber. Hay sociedades en las que no hay, y son sociedades que tienen un PBI espectacular, niveles de desarrollo humano fantásticos. Y en algunos casos tenemos los "home less", los que no tienen casa. En cualquier ciudad del mundo existe ese sector. Yo creo que este estudio nos plantea que la sociedad uruguaya tiene un problema, pero un problema que lo puede atacar, que lo puede dominar.

Yo estoy convencido de que se puede seguir reduciendo sostenidamente la cantidad de niñas y niños que tenemos en la calle. Pero no es sólo con programas de calle. Y no lo digo para quitarnos responsabilidad. Tiene que ser un conjunto de acciones que, como ahora, han ido dando resultados. No es un tema de que alguien le diga al INAU que tiene que sacar a los niños de la calle. Eso es plantearse las cosas en términos muy poco serios, por lo menos de la política social.

SD – Estamos hablando de muchas generaciones.

LB – Hay que tener un trabajo sostenido, sistemático, serio, coordinado, pero no hay más remedio, si no, no se logra. Así se ha logrado en otras sociedades que funcionan.


GS – Sobre ese número de 1.887 niños y adolescentes, ¿cuántos son niños y cuántos adolescentes? ¿Cuántos son niños y cuántos son niñas?

LB – Es importante decir que acá se hizo un operativo de observación que se hizo durante cuatro días, en un horario de la mañana y en un horario de la tarde, yendo las mismas personas a ver como eran las variaciones. Y otro de una noche, el miércoles 22 de noviembre, que hubo una salida de 12 a dos de la mañana y otra de cuatro a seis de la mañana. Esos dos nos permiten ver que en los tres turnos no baja del 80% la cantidad de varones y el 20% de niñas.

SD – Y en algunos casos llega al 90%.

LB – En el caso nocturno hay un 87,5% de sexo masculino y un 9% de sexo femenino.

SD - ¿Cómo se lee eso? ¿Diferenciación de roles entre los sexos?

LB – Puede ser que en términos de las estrategias de supervivencia, sobre todo aquellas ligadas a la obtención de dinero. Hay sí una preeminencia del rol masculino en la búsqueda de ingresos. Esa es una explicación posible.

GS – Si miramos las cifras en movimientos horarios, y pensamos en la noche, está en el imaginario social característico el peligro de un niño en la calle en la noche. Aunque en realidad cuando uno lo conversa con los chicos te dicen que como están despiertos, están alerta.

LB – Nosotros precisamente tomamos la hora de las 12 a las dos de la mañana y de las cuatro a las seis porque una de las estrategias que usan es andar deambulando de noche e irse a dormir lo más tarde posible, cuando va saliendo el sol, porque se sienten en condiciones de mayor protección dentro de la enorme desprotección que tienen.

En ese relevamiento observamos a 111 niños viviendo en la noche. De esos, 21 estaban durmiendo, 8 durmiendo entre las 12 y las dos de la madrugada, y 13 entre las cuatro y las seis. Y vimos a 73 niños entre las 12 y las 2, y a 38 entre las cuatro y las seis. El 90% de esos niños son de Montevideo, y el 10% de Canelones.

AB - ¿Y qué estaban haciendo?

LB – Estaban mendigando, deambulando, recolectando, hurgando. Esas son las características más fuertes del tipo de tareas que realizan.

AB – No lo vi mencionado, pero muchas veces se habló de la presencia de un adulto alrededor de estos niños.

LB – Nosotros tenemos una distinción que permite saber si están solos, con pares, que pueden ser hermanos o amigos de la calle, con referentes adultos o con pares y con referentes adultos. Ahí uno puede suponer que son hermanos y la persona que funge como tutor, padre o madre.

Vimos algunos casos realmente llamativos. Como anécdota, vimos a un papá con una niña que no tenía más de dos años. Ella estaba despierta y el papá estaba durmiendo. Ahí no intervinieron los que estaban observando porque la idea era no tener contacto, pero sí implementamos una acción directa vía INAU para resolver esa situación. Se ven cosas difíciles.

Lo importante está en que son pocos los niños que pernoctan. Este dato nos da información para avanzar en hacernos cargo de estos niños. De estos 111 creo que no todos se quedan en la noche, hay muchos que aprovechan, se quedan hasta más tarde, sobre todo los viernes que hay más movimiento en distintas partes de la ciudad y donde pueden generar estrategias de supervivencia más interesantes para ellos. Y después eventualmente retornan.

Ese es un límite superior. Tenemos un problema que lo tenemos ahí, tenemos que darle duro para resolverlo.

SD – Hay algo que se ve claramente y es que, a medida que avanza el día y avanza la noche, van desapareciendo los niños más chicos. Eso es tranquilizador, de cierta forma, dentro de un panorama que no es para nada tranquilizador. Y lo otro es que hablamos de niños y de adolescentes. Y hay un dato que se reflejaba el lunes en un informe de Unicef y tiene que ver con la prostitución muy infantil. ¿Pudieron constatar algo de esto con este estudio?

LB – No, porque la prostitución infantil es una situación distinta a la situación de calle.

SD – Pero también pueden relacionarse.

LB – Obviamente que se relacionan. Un criterio para definir la situación de calle también tiene que ver con quien actúa en cada caso. Si hay una situación de calle tienen que actuar primero los programas que trabajan con esa situación. La prostitución es otra situación. Vimos algunos casos de prostitución infantil y los anotamos a otros efectos y no se consideran en este estudio si no que se consideran para otras acciones que hay que desarrollar.

Lo interesante es que a medida que pasan los turnos van aumentando los adolescentes entre 13 y 17 años. En la mañana hay un 39% de adolescentes y en la noche un 74%. Y va disminuyendo la cantidad de niños de seis a 12 años, que hay un 44% en la mañana, un 40% en la tarde y un 25% en la noche.

No obstante, hay guarismos importantes. Tenemos un 14% de niños de dos a cinco años en la mañana y un 10% en la tarde, y casi no tenemos en la noche, que sólo hay un 0,9%. Pero también hay niños chiquitos en la noche y hay que hacernos cargo.

AB – Hay una referencia de cómo se mueven esos niños. ¿Se mueven mucho dentro de lo que es la zona metropolitana? ¿Eligen volver a los mismos puntos o se van corriendo dentro de la ciudad?

LB – Hay muchos niños de calle que hacen calle en los barrios donde viven. Eso es una "buena noticia", entre comillas, en el sentido de que no zarparon lejos y están próximos a sus núcleos familiares. Cerca de 40% está en las zonas que presumimos que viven, porque no se mueven a zonas más típicas. No obstante, en el eje de la Cuidad Vieja, Centro Cordón, Parque Rodó, y costa Este, Pocitos, Buceo, tenemos un 25%en la mañana. Uno de cada cuatro niños observados está ahí. Y si vas a la tarde tenés casi un 40%.

Después hay otras zonas hacia el Noreste de la ciudad donde también hay altas concentraciones, próximas a vías importantes, calles importantes y a zonas comerciales.

SD - ¿Lograron hacer al menos una aproximación de cuántos niños no tienen casa y habitan en la calle? El estudio no lo refleja, pero hay datos que evidentemente pueden ayudar a tal afirmación.

LB – Tenemos 38 durmiendo, que eso ya es un límite inferior y después tenemos 111, que yo creo que no todos esos se quedan en la calle de noche. Seguramente la cifra está entre esos dos valores.

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