Tertulia especial en la Criolla de Prado: uniendo el campo con la ciudad
Las "criollas" son una de las fiestas que más convoca en Semana de Turismo. En muchas localidades del Interior miles de personas se reúnen para celebrar la tradición. En Montevideo eso ocurre toda la semana en la Criolla del Prado, que organiza la Intendencia de Montevideo. Si bien la expresión más emblemática de estas fiestas son las jineteadas, en torno a ellas se llevan a cabo una serie de actividades que celebran las costumbres del hombre de campo, como espectáculos musicales folklóricos, exposición de artesanía criolla y, en particular, el trabajo de los talabarteros, además de una larga oferta gastronómica. Para profundizar en estas tradiciones, En Perspectiva se instaló en la Criolla del Prado para desarrollar una Tertulia especial en la cual participaron los payadores Uberfil Concepción y Abel Soria, que es además escritor, y poeta, el joven jinete Leonardo Fernández y Gregorio de los Santos, propietario de la talabartería Las Nazarenas de Tacuarembó.
(emitido el jueves 28 de abril a las 9.13 Hs.)
EMILIANO COTELO:
Decir que en estos días hay poco movimiento en Montevideo o que se fue todo el mundo es, como mínimo, una señal de lo poco que algunos recorren esta ciudad.
Esta mañana nos hemos instalado en una zona de la capital donde hay un movimiento muy fuerte. Estamos en el Prado de Montevideo, en el predio de la Asociación Rural, donde viene desarrollándose desde el fin de semana pasado la Criolla del Prado. Se trata quizás de la expresión más auténtica de eso que algunos llaman "el campo en la ciudad" y que tiene que ver precisamente con traer a Montevideo, aunque sea por unos días, una parte de las tradiciones y de las costumbres que se mantienen todavía con mucho vigor en el interior más profundo.
Hoy queremos conocer de cerca este gran polo de atracción, queremos compartir con ustedes lo que estamos viendo y sintiendo.
Rosario está recorriendo desde temprano el lugar, va a ir aportándonos sus miradas desde diferentes rincones del Prado.
Ahora, por ejemplo, ¿dónde estás?
ROSARIO CASTELLANOS:
Yo dije que la actividad ahora temprano era fundamentalmente alrededor de los caballos y todo el personal que acompaña las tropillas y que además se está preparando para dar el espectáculo de las jineteadas. Personal que viene de lejos, familias completas que llegan de distintos departamentos, se instalan aquí y viven esta semana entera alojados en lo que son las caballerizas cuando la Exposición Rural.
En ese sentido estoy aquí compartiendo una rueda de mate con gente que viene de Castillo. El señor trae una tropilla que se llama Sin Querencia, del establecimiento El Relincho. Se me fugaron los tres domadores, se ve que se asustaron y se fueron; según parece ya tuvieron su performance ayer, con distinta suerte.
Sin embargo yo voy a hablar con la señora, que teóricamente no es la que trae la tropilla, no es la que va a domar. ¿Exactamente cuál es su papel en esta instancia?
SEÑORA DE JOSÉ LUIS GONZÁLEZ:
Nosotros venimos de Castillo, departamento de Rocha. Soy la señora del tropillero José Luis González, una persona conocida ya de años acá dentro. Venimos a acompañarlo.
RC - ¿Qué tal? ¿Cómo se ha plantado la tropilla? Porque hoy hay cambio, ¿esta ya actuó o empieza a partir de hoy?
S - La tropilla de nosotros empieza hoy.
RC - ¿Y qué fe le tienen? Porque hay concurso de tropillas también, ¿cómo les ha ido en años anteriores?
S - El año pasado anduvimos bien, sacamos el tercero. Vamos a ver qué nos depara este año.
RC - ¿Qué define una buena tropilla?
S - Hay de todo.
RC - ¿Es el caballo más malo?
S - Según el puntaje que da el caballo.
RC - El que le da más trabajo al domador, en una palabra.
S - Claro, sí, ahí se ve.
RC - Pero además usted trae un hijo que es domador.
S - Sí, es como mi hijo, sí. Muchos compañeros vienen de aquel lado; los hijos vinieron hasta el año pasado, este año no vinieron.
RC - Uno de ellos tiene dientes de leche, todavía no está para esos trotes.
S - No, todavía no, recién está empezando, es el que se ocupa de la tropilla, de ayudar a mi marido con la tropilla.
RC - Como verán, aquí trabaja todo el mundo, no solamente los que directamente están en la tarea, sino también los que vienen de hinchada y acompañantes.
Esta gente viene con un camión, traían 16 caballos; el camión queda estacionado y anoche intentaron robarlo. Afortunadamente había un sereno durmiendo en la cabina, pero se subieron unos cuantos "pichis", como dicen ellos; el problema es que se llevan las cubiertas, la radio, todo. Parece increíble que estando la actividad reducida prácticamente a esta zona no se vigile de forma que esta gente llegue a Montevideo y se lleve un mejor recuerdo de los montevideanos que este que pudo haber ocurrido y afortunadamente no pasó.
***
EC - Pero además de escuchar las crónicas de Rosario, voy a tener el gusto de conducir una Tertulia especial, con cuatro invitados que se encuentran con nosotros en la mesa:
Abel Soria tiene 76 años, nació en Los Cerrillos, Canelones, es payador, escritor, poeta, pintor, pero además y sobre todo es un gran conocedor de las costumbres y las tradiciones criollas.
ABEL SORIA:
Te olvidaste de decir enfermero.
EC - Que también lo es.
AS - Gracias por las palabras de presentación. Uno se siente como el que vuelve a casa apenas llega, a pesar de que el discurso comenzó aludiendo a un cielo despejado y me hizo acordar de una respuesta que dio una vez un paisano al que le preguntaron: "¿Vio, Fulano, qué lindo cielo?", y él a su vez preguntó: "¿Lindo por qué? Pa mí está azul, nomás; pa que sea lindo tiene que tener alguna nube". Filosofía poética, pero no creo que un organizador de espectáculos piense de esa manera exactamente, sino que esté festejando y brindando por ese color azul con que el cielo ha resuelto acompañar estos movimientos tan lindos.
Nosotros venimos todos los años al Prado, y si bien estamos circunscritos a un sector determinado, el escenario Carlos Molina, eso no nos impide vincularnos con gente que llega de diferentes lugares del mapa, y aun de otros mapas, y aquí es perfectamente lugar para charlar, hacer proyectos, acariciar recuerdos. Hemos dicho otras veces que un festival de esta naturaleza no es solamente un festival, tiene también las características de un congreso, porque aun cuando no lo programemos de ese modo, cuando queremos acordar estamos en plena calle repasando cosas que tienen que ver con el concepto de la tradición, con la voz "traer", que de ahí viene "tradición", de cómo los paisanos se desplazan por todas las callejuelas interiores del Prado y cómo el montevideano viene a que se le haga tangible eso de "el campo en la ciudad".
EC - Sigo saludando. Uberfil Concepción, payador. Tengo dos payadores de este lado de la mesa, ahora saludo al segundo.
UBERFIL CONCEPCIÓN:
El primero muy respetado, y aparte de ser respetado, gran poeta. Gran poeta en serio y gran poeta en lo festivo. Lo conozco desde hace mucho tiempo, de muchos años, y él a mí, y he tenido la suerte de que en las payadas más difíciles del Prado, en el Molina, me ha presentado este señor y he tenido en cada palabra de él un puntapié para levantarme improvisando.
EC - Cuando se encontraron hubo un abrazo entre ustedes dos, un abrazo muy cariñoso. No hay competencia, no hay celos.
UC - Y me permitió que le grabáramos algo de su obra. Mal cantado, pero hecho con el corazón.
EC - Uberfil es oriundo de Migues, departamento de Canelones, aunque vive habitualmente en Argentina.
UC - Vivo en Santa Fe, en la cuna de la bandera argentina, desde hace más de 20 años. Hace 40 que estoy del otro lado del Río de la Plata, y no he perdido mi identidad. Siempre voy a ser oriental, estamos en países limítrofes, no se pierde la identidad. Por más que esté radicado en aquel país siempre voy a ser oriental.
EC - Además va y viene, porque buena parte de su actividad como payador la desarrolla acá en Uruguay durante medio año.
UC - Sí, más de medio año capaz. Ahora estuvimos casi todo el mes de marzo trabajando aquí, aunque volviéramos el lunes a la Argentina, viernes, sábado y domingo estuvimos en Tala, Canelones, estuvimos en la Patria Gaucha en Tacuarembó, estuvimos en Valentín Aparcero, departamento de Salto, una fiesta nueva que se hace allí todos los años en el mes de marzo, y después la Rural del Prado, que creo que entre contratado y no contratado hace 30 años que vengo a esta vieja Rural del Prado, al corazón de Montevideo, donde se trasmiten un montón de cosas del campo también.
EC - El resto del año trabaja también como payador, pero recorriendo la Argentina.
UC - En la República Argentina, en las fiestas grandes y en las fiestas chicas también.
EC - Don Abel, iba a agregar algo a propósito de la relación entre ustedes.
AS - Me dejó desorientado Uberfil.
EC - ¿Por qué?
AS - Dijo que cada palabra mía parece un puntapié, y quiero saber qué quiso decir.
UC - Quise decir que cuando me presenta usted, al igual que cuando me presenta Irma, me siento doble payador con el payador que me pongan a improvisar. Y a mí me gusta el contrapunto, y me gusta el contrapunto fuerte, aunque con todo respeto. Estos dos señores que están aquí me pusieron el "payador camorrero" no hace muchos años y quedó como seudónimo, como sobrenombre de mi persona que ha cruzado la frontera y en la Argentina también me llaman así.
EC - Ahora ya sabemos un poco mejor cómo hay que tratarlo, vamos a tomar las precauciones del caso.
Sigo saludando. Ahora Gregorio de los Santos, propietario de la talabartería Las Nazarenas de Tacuarembó, que es la más antigua en cuanto a presencia en la Criolla del Prado.
GREGORIO DE LOS SANTOS:
Sí, soy el pilchero más viejo del Prado.
EC - ¿El "pilchero"?
G de los S - Sí, yo sigo pilchero. Mis hijos están organizados, tengo una empresa, pero yo me siento el pilchero siempre, me siento así.
EC - ¿Qué es Las Nazarenas de Tacuarembó?
G de los S - Es una empresa que creció con el gaucho, empezó en los locales de feria, empezó muy de abajo. Después siguieron mis hijos emprendiendo, tuve la suerte de tener dos hijos y hoy los dos son empresarios y están en el mismo ramo.
EC - ¿Qué artículos produce? Para los oyentes que quizás no conocen, no han estado acá, no conocen Tacuarembó y su local en particular.
G de los S - Tú me traés un caballo y un gaucho, los dos desnudos, y yo los visto a los dos.
EC - Servicio completo.
G de los S - Servicio completo: recado, estribera, como dijo el payador aquel, el chivito cantor. Mi hijo fabrica el cuchillo, así que ahora con la fábrica de cuchillos se completó todo.
EC - Eso quiere decir que por ejemplo en cuanto a la ropa del gaucho, del paisano, ustedes trabajan en cuero, pero ¿también en tela, una camisa, una bombacha también?
G de los S - Fabricamos todo lo de cuero, las botas del gaucho, el recado, todo, y la bombacha gardeliana, solo la bombacha.
EC - Y supongo que no vienen solo al Prado de Montevideo.
G de los S - Recorremos todas las fiestas, hacemos Valentín Aparcero, Patria Gaucha, pero quiero destacar que el Prado es lo máximo, es el ángel de la guardia de todos los pilcheros, de todos los vendedores, es lo máximo. Trabajamos todo el año esperanzados en el Prado. Y ya que me da esta preciosa oportunidad, quiero agradecer a las autoridades, porque en el Prado tenemos el privilegio de ser muy bien atendidos, trabajamos tranquilos, cómodos, nos dan una comodidad, podemos entrar y salir, atender a la gente como nos gusta atenderla.
EC - Enseguida vamos a tener al cuarto invitado de esta mesa, un jinete. Pero con ustedes que ya han sido presentados, que ya iniciamos la conversación, quiero ir por el lado de algo que ya apareció en los primeros minutos de esta charla. La pregunta básica: ¿qué es en definitiva esta Semana Criolla? ¿Qué es lo que se celebra en un lugar como la Criolla del Prado?
UC - A nosotros nos significa un montón de cosas, del campo, de la ciudad, entrar con el mensaje que traemos hecho verso al corazón del pueblo, al corazón de la capital, del país, y que se mancomune el ciudadano con la gente del campo. Ahora hace muchos años que no hay diferencia. Yo recuerdo en mi niñez o en mi juventud que venían tres chicas caminando por la calle y una si una era del campo, y se conocía a la legua; ahora no.
EC - Es interesante esa observación. ¿Qué ha pasado? ¿Qué es lo que usted percibe?
UC - Se ha modernizado todo y se ha unido el campo con la ciudad. Antes si venían 10 y uno era paisano la gente lo reconocía como paisano, como que venía de afuera, como canario; canarios nosotros los de Canelones. Ahora ya no se distingue, el que está en el pueblo y el que está en la chacra tienen los mismos vínculos.
EC - Me dejó picando la curiosidad para preguntarle a nuestro invitado de Las Nazarenas si ese acercamiento, esa aproximación entre la gente del campo y la gente de la ciudad también se ha dado en cuanto a la ropa de campo. ¿La ropa de campo hoy tiene otros clientes que no son sus clientes tradicionales?
G de los S - Esa pregunta me la hicieron hace tres años en el diario El País, el periodista me seguía desde la Patria Gaucha, la Hispanidad, la Fiesta del Mate, y cuando llego al Prado acá me pregunta: "Decime una cosa, ¿vestirse de gaucho es muy caro?". Entonces le contesto: "No, vestirse de gaucho es muy barato". Y dice: "Con razón todo el mundo anda vestido de gaucho". Le digo: "No, vestirse de gaucho es barato, pero vestirse como un gaucho verdadero es muy caro".
EC - ¿Podemos explicar un poco mejor la sutileza que hay en el medio?
G de los S - Sí, el gaucho auténtico es tan fino, tan delicado... es más exigente que una modelo. Fijate que en el Prado una bota de medida (yo vivo de las botas de medida, lo que tengo es gracias a los gauchos) sale 240 dólares, y él no te va todos los días con el mismo par de botas al ruedo, en el año compra tres, cuatro pares de botas de medida, distintos colores, distinto cinto. De repente hay gauchos que tienen dos o tres cintos de rastra de plata y oro que valen dos o tres mil dólares cada uno. Y los aperos de los caballos igual.
EC - El gaucho es un cliente muy exigente.
G de los S - Muy exigente.
EC - Y que invierte en su aspecto.
G de los S - Invierte, y es un cliente muy delicado para tratarlo.
EC - ¿Y cuál es la diferencia entonces con el otro, con el montevideano que va y compra ropa en tiendas como la suya?
G de los S - El montevideano mira un gaucho y se viste de gaucho porque es una ropa cómoda, se siente cómodo.
EC - ¿Usted ha ido notando una mayor tendencia en ese sentido?
G de los S - Sí, y ojo que muchos montevideanos ya casi están gauchos, se transforman rápido en gauchos. Hasta jinetes están algunos que no sabían andar a caballo. Es lo que dijo Concepción recién.
UC - Pero no deja de ser un gaucho prefabricado.
EC - No se quejen, tantas veces hemos hablado del corte, de la distancia, del divorcio campo-ciudad que cuando se produce esta aproximación supongo que de algún modo hay que celebrarla.
G de los S - Sí... A mí me va bien con eso. Tú preguntabas recién a Concepción lo que se vivía en el Prado; yo ayer por primera vez, en 40 años que vengo al Prado, volteé las lágrimas con un jinete que fue al Prado.
EC - ¿Por qué?
G de los S - Una vuelta de honor, el hijo del Pato Fernández, un niño al que le hago las botas desde los pañales, burlando también a otro niño al que le hice los primeros pares de botas. Entonces ayer esas vueltas de honor me hicieron voltear las lágrimas. Con 40 años, ¿te das cuenta? Creo que ni cuando falleció mi padre volteé las lágrimas.
EC - Don Abel, retomo la pregunta original: ¿qué se celebra en la Criolla del Prado?
AS - Yo en este momento estoy celebrando la conversación y la observación de los compañeros, con cuyo contenido me siento perfectamente identificado.
EC - Pero se dice, por ejemplo, "es la fiesta de la tradición" o "es una fiesta de la tradición". ¿Usted está de acuerdo con eso?
AS - Sí, porque traer las cosas con las cuales vibraron nuestros antepasados y nosotros mismos hace unos años, como observaba Uberfil, merece el brindis, merece ser celebrado, ser festejado, ser vivido, y nosotros vivimos este encuentro. Tampoco somos capaces de encontrar ahora la línea divisoria entre el campo y la ciudad, no basta con decir gramilla y alfalfa, hay otros conceptos. Puede ser diferente la idiosincrasia, pero cada vez somos más tocayos a ese respecto y cada vez tenemos menos miedo de hacer el ridículo como se tenía antes, cuando había prejuicios que no estoy dispuesto a aplaudir.
Incluso en la poesía gauchesca se observa algo así como una enemistad o una falta de simpatía entre un medio y el otro. Hay poemas en los cuales el gaucho habla con cierto desdén del pueblero, y también hay referencias a que el pueblero algunas veces se burlaba del gaucho cuando empezaba a venir a la ciudad. Incluso una vez, a pedido o aceptando la sugerencia de alguien que se refirió a este tema, yo había escrito algo en que un muchacho de campo tiene que venir al pueblo por primera vez, "por razones de oficina", dice, y le confiesa al padre el temor que tiene de venir. Tiene temor de que se burlen de él, porque no sabe usar otras pilchas que las cotidianas. Y el padre le dice que no, que venga sin ningún temor, que ya se terminó aquella época de las rivalidades. El romance en el cual habla el viejo al final tiene estas palabras: "Y en un retrato también vas a ver a José Artigas, que con los brazos cruzaos y la mirada tranquila, cuando te vea de botas, bombachas, rastra y golilla, te darás cuenta, muchacho, con qué respeto te mira".
[Aplauso.]
EC - ¿Cuál es el público acá en el Prado? ¿Lo tienen diagnosticado, observado? Hay una mezcla de públicos, ¿no?
UC - En la parte de jineteada, en la parte de doma, debe de ser el público que aplaude más de América.
EC - ¿Sí?
UC - Sí, las tribunas están colmadas y uno pide el aplauso para el jinete y la gente se pone de pie. Y en las vueltas de honor, como dijo De los Santos, hay gente que tiene las banderas preparadas y cuando va el jinete empieza a hacer flamear las banderas orientalas o la bandera argentina si es argentino o la bandera brasileña, acá hay tres países que están compitiendo. Lo otro es fuera del público, el compañerismo que hay entre los jinetes. Acá se compite, están jugando por un premio, están jineteando por un premio y por un montón de dinero, y a veces el dinero es lo que separa, pero a estos los une. Se cae un jinete o queda enganchado y van 15, 20 jinetes atrás para socorrerlo. O sea que están mancomunados y hay un gran compañerismo entre ellos.
EC - Ese público que es tan entusiasta, del cual usted hablaba, que aplaude y que ovaciona y que se engancha tanto, en el caso concreto del ruedo con la jineteada, ¿de dónde es? ¿Es de Montevideo? ¿Es también del interior?
UC - Hay mucho del interior. Pero el público que viene de mañana a esta hora ya hay gente sentada en las tribunas es de Montevideo, gente que agarra el termo y el mate y se viene sin el bolso, sin nada, y se sienta en la tribuna. Ahora, el otro público, que cambia todos los días, que hay de una zona distinta o de la misma zona pero distintas personas, es del interior del país y de todas partes del país.
EC - ¿Y hay turistas?, ¿ustedes ven también turistas extranjeros?
UC - Acá hay argentinos y hay brasileños, y a veces aparecen de otros países, países de Europa también, han venido cantidad a la rueda del Prado, hemos visto. Como hay payadores que vienen de distintos puntos de Europa y de América. Acá creo que van a hacer el encuentro como todos los años de payadores de Chile, de Brasil, de Cuba, de Venezuela, de Ecuador, que todos los años aparecen. No sé si vienen los mismos o no, pero aparecen de otros lugares. Es bueno que se sepa que el payador está en todas partes del mundo y con distintos idiomas.
***
EC - ¿Qué diferencias hay entre la Criolla del Prado y, por ejemplo, la Fiesta de la Patria Gaucha? Me gustaría averiguarlo. Me gustaría saber cómo responden ustedes, y en particular nuestro invitado jinete, a las organizaciones que se movilizan contra lo que entienden es el maltrato del caballo. Me gustaría saber también cómo se hace la payada en el ruedo y en simultáneo con la faena del hombre a caballo. De esos temas vamos a seguir charlando enseguida, además de escuchar a Rosario.
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EC - En estos días de la Semana de Turismo, una de las fiestas que convocan más público en todo el país son las criollas. En muchas localidades del interior, sobre todo en el interior más profundo, miles de personas se reúnen para celebrar la tradición.
Y acá en Montevideo eso ocurre toda la semana, en la Criolla del Prado que organiza la Intendencia de Montevideo.
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EC - Aquí estamos instalados esta mañana, en Tertulia y con Rosario también. Rosario desplazándose, moviéndose y contándonos lo que ve y lo que vive. Ahora, ¿desde dónde?
RC - Estoy en la calle, donde ya se empieza a ver el movimiento de gente, y muchos se están instalando, porque la feria en sí comienza a las 10 de la mañana. Yo no quería dejar pasar, ya que ustedes tienen una mesa tan de hombres, que también la mujer rural tiene su presencia en la Criolla.
EC - Me parece perfecto: vaya y equilibre usted.
RC - Exactamente. Vale la pena visitar el stand de las mujeres rurales en lo que comúnmente es el stand de España, casi en el ingreso por Buschental. Tienen de todo, de todo lo que tiene que ver con artesanías, fundamentalmente dedicadas a lo gastronómico. Hay conservas, licores, chocolates y huevos de pascua, pasta de maní, jugos; la delicia de la miel de Florida, que además incluye en los tarros nueces o avellanas, es la cosa más deliciosa que se puedan imaginar. Es un lugar del cual seguramente van a llevarse algo.
Me hace mucha gracia porque todavía no abrió, abre a las 10, estaba parada en la puerta y se me acercó un señor que es fabricante de botas, el que me hizo las botas que tengo puestas, y las reconoció. Así que no tengo más remedio, porque son comodísimas, que recomendarlo: enfrente, en el último pabellón, el de bovinos, donde están los artesanos, JC hace unas excelentes botas. Reconoció las que tengo puestas, no tengo más remedio que nombrarlo.
EC - Aquí estamos hablando de la competencia entre distintos productores de botas.
RC -Aclaro: estamos hablando de aquellos que queremos parecernos y no somos de verdad. Ese es mi caso.
EC - Te colocaste en esa categoría.
RC - Menos exigente, por lo visto.
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EC - Seguimos en nuestra Tertulia especial de este jueves. Vaya si es diferente de la Tertulia de los jueves que ustedes están acostumbrados a escuchar el resto del año. Hoy los integrantes de esa mesa están todos de vacaciones y los hemos reemplazado, gracias a la amabilidad de nuestros invitados, por estos otros enfoques que estamos teniendo. Los que aportan por ejemplo Abel Soria, yo decía escritor, payador, poeta, periodista, pero sobre todo invitado acá como conocedor profundo que es de todo este tema de la tradición; también Uberfil Concepción, payador de jineteadas, y Gregorio de los Santos, propietario de la talabartería Las Nazarenas de Tacuarembó.
Yo dejaba planteada una pregunta: ¿qué diferencia hay entre la Criolla del Prado y la Fiesta de la Patria Gaucha, que también es un mojón importante en toda esta serie de acontecimientos? ¿Cómo lo ven ustedes?
UC - En la última palabra son iguales, la parte de criolla, la parte de jineteada. Lo que tiene la Patria Gaucha es que trabaja con las aparcerías, y cada aparcería forma una estancia vieja, un hospital, este año formaron la famosa iglesia que tuvo Paysandú, un montón de cosas del pasado que ellos rememoran ahí y las hacen tal como estaban hechas, en el caso de la iglesia cómo la voltearon, cómo se cayó una parte, que después la volvieron a levantar.
EC - Sí, ese es un gran valor de la Fiesta de la Patria Gaucha, detrás del cual hay mucho trabajo, trabajo intelectual primero para decidir qué se hace, para proyectar, y después para realizarlo, sabiendo que va a durar unos pocos días y nada más.
UC - Dura cinco días u ocho, y el lunes cuando termina la fiesta ya se voltea todo.
EC - ¿Qué más? ¿Qué otra diferencia hay?
UC - El público, yo creo que a la Patria Gaucha entra mucha gente, casi como en el Prado, viene gente de todas aquellas partes de Rivera, de Artigas, que a lo mejor no puede llegar a Montevideo.
EC - Y en cuanto a las jineteadas hay alguna diferencia, ¿no?
UC - No, no.
EC - ¿En los criterios de participación, por ejemplo?
UC - En la participación sí, porque al jinete de la Patria Gaucha lo ponen las aparcerías, y acá el jinete lo elige el capataz de campo, viene con otra forma aquí, y el capataz de campo si va a una fiesta se fija qué jinete anda mejor para llevarlo. En la Argentina hay una modalidad que aquí también están utilizando mucho en la parte de jineteada, que el tropillero lleva la monta puesta, entonces cada tropillero sabe qué piloto le va a poner a cada reservado.
EC - Lleva la monta puesta... ¿Podemos aclarar ese término?
UC - Sí, la monta puesta, invita al jinete, entonces sabe qué caballo le va a dar. Te digo esto porque hay que hacer la aclaración Abel lo sabe, y De los Santos también de que antes las tropillas eran en bruto, sin tocar, venían a embozalarse ese día en la fiesta. Ahora no hay esa clase de tropilla, ahora son reservados que vienen cabestrando al palo, los traen de tiro como caballos mansos. Y hay caballos en las tropillas que hace 15 o 20 años que están, entonces el jinete los conoce.
EC - ¿Hay caballos que hace 15 o 20 años que están en una tropilla?
UC - Sí, por eso lo que dijiste primero, la gente que está buscando poner trabas no sabe que el caballo de las jineteadas es el que trabaja menos en la vida.
EC - De eso vamos a hablar enseguida. Pero estoy mirando los mensajes de los oyentes y tengo acá uno que puede ser interesante que comente don Abel Soria. Dice Osvaldo de Young: "Lo ejemplar del Prado para mí es que se juntan centenares de gauchos de facón atravesao entre miles de personas y nunca hubo un hecho de sangre. ¿Te imaginás la misma situación en el estadio, en un clásico? Imposible". ¿Qué importancia le asigna usted a esta observación?
AS - Es una observación a la cual nos unimos totalmente. Siempre la violencia y el apresuramiento por la sangre, la intolerancia son cosas lamentables. Es cierto que los gauchos utilizan el facón atravesao como parte de su indumentaria, y es cierto también que es muy difícil que se produzca de buenas a primeras y porque sí un hecho de sangre. No me atrevo a imaginar la misma situación en un estadio.
EC - Otro comentario de la audiencia. Lo manda Hugo, y quizás sea para nuestro invitado de Las Nazarenas de Tacuarembó. Dice: "Durante muchos años me tocó cubrir periodísticamente las rurales en todo el país, y una vez le hice una pregunta a un paisano: cómo con lo poco que ganan tienen mate con boca de oro y plata, lo mismo que la bombilla. Me respondió: Es lo único que le voy a dejar a mi hijo". ¿Qué dice a propósito de un caso como este? ¿Qué dice a propósito de esto, del tipo de pertenencias, en particular la ropa? Usted hablaba de la ropa cara que llega a comprar el hombre de campo.
G de los S - Es lo que recién hablábamos, el gaucho se hace una zafra de esquila, en la cual yo trabajé, que es lo más sacrificado que hay, solo para comprarse una rastra. Sale el 21 de setiembre y está hasta el 15 de diciembre, tiene que tomar mucho agua para no deshidratarse, y sin embargo el dinero que gana solo le da para comprar la rastra.
EC - ¿Qué es la rastra?
G de los S - La rastra de plata y oro es la que lleva adelante. Hoy es un adorno, pero hace muchos años era una autodefensa.
EC - Sería bueno explicar eso.
G de los S - Todas las pilchas del gaucho tienen un porqué, ahora se usan muchas cosas que son como adornos. Está en el caballo, nada de lo que usa el gaucho es porque sí. Recién preguntaste por qué no había hechos de sangre; el gaucho no usa el cuchillo grande por ser más malo ni por más guapo. Lo de oro y plata que lo usa sí porque es un orgullo del paisano, usar lo mejor, pero el cuchillo grande lo usa porque si lo pierde es fácil de encontrar en medio del pasto. Te imaginás si sale corriendo una vaca, voltea el cuchillo, ¿cómo lo encuentra? Incluso si encuentra un caballo enredado en ese momento en un alambre, ¿con qué lo corta? Lo tiene que cortar con el cuchillo, que sirve como un hacha. Tiene que hacer un fuego en campaña, no tiene con qué hacer la leña; ese cuchillo le sirve como hacha. Entramos por ahí. Después la rastra, como dijimos, es una autodefensa.
EC - ¿O sea? Es para aguantar ¿qué?
G de los S - En las batallas, en las guerras, imaginate un facón en la cintura y la rastra lo cubría. Después entramos en la carona suela.
EC - Expliquemos también qué es la carona suela.
G de los S - La carona suela es un mandil que se usa arriba del jergón. Tú dirás esta carona suela, este grosor, ¿para qué esto arriba del caballo?
EC - ¿Para qué?
G de los S - Hoy no la usan más, de casualidad ves un gaucho, un veterano que la usa. ¿Qué pasaba? Venían las tropeadas para la tablada, y te imaginás 30 días de tropa, te agarra una tormenta de piedra, ¿dónde se pone el gaucho? Inmediatamente desensilla el caballo y se pone abajo de la carona de suela. Si va a hacer la cama, barro por todos lados, pone cuatro o cinco piedras, la carona arriba y el poncho arriba del alambre. Por eso cuanto más dura la carona, mejor. Ahí tiende su cama el gaucho.
EC - Ahí tenemos un ejemplo de una prenda que casi está quedando en desuso.
G de los S - Sí, porque ya no se tropea más la tablada, vinieron los camiones. Por eso te digo, el que la usa es un veterano de 60 años para arriba. La muchachada joven lleva un mandil más adornado.
EC - ¿Algún otro ejemplo, para seguir conociendo y aprendiendo sobre la indumentaria del paisano?
G de los S - La espuela, por ejemplo. Un botija nuevo que empieza a jinetear, pueblero, dice "esta espuela en basto no me soldó la argollita". La espuela no hace fuerza para desoldarse de la argolla, al revés, la espuela tiene que estar suelta, no se puede soldar a la argollita donde va atada la espuela. Porque cuando el gaucho queda enganchado en la espuela eso se abre, eso es la defensa. Un veterano la usa sin soldar, pero los gurises nuevos quieren que la suelden, porque no saben del riesgo de vida que tienen.
EC - Entonces usted discute con ellos cuando viene el reclamo.
G de los S - Sí, pero enseguida entienden.
EC - ¿Entienden?
G de los S - Lo entienden perfectamente.
EC - Y hablando de la funcionalidad de la ropa del hombre de campo, ¿ha ido teniendo cambios con las nuevas costumbres, con las nuevas tendencias?
G de los S - Sí, es como una modelo, él cambia de modelo y no le importa lo que le salga.
EC - Por ejemplo, ¿hoy está previsto algún soporte para el teléfono celular?
G de los S - Sí.
EC - ¿Cómo entró el celular en esa indumentaria?
G de los S - Sí, ellos usan celular. Yo no sé usar celular, nunca usé celular.
EC - Pero está muy extendido.
G de los S - Una vez andaba en el campo, me quebré la clavícula y no tenía celular, apenas llegué.
UC - Qué importante es tener el celular, porque viste que ahora vas en la ruta, te pasa algo y llamás enseguida que te vengan a buscar. Es importantísimo, antes no había eso, antes tenías que hacer como los indios, señales con humo. Y había que saber quién las entendía para que te fueran a buscar. Antes, por ejemplo en el Uruguay, eso lo vi aquí, no lo vi en Argentina, había que ir a hablar por teléfono y estaban aquellos teléfonos que tenían la manijita, había que dar vueltas y del otro lado te decían "¿Qué central?".
AS - No hace tanto.
UC - No, no hace tanto.
G de los S - Y te voy a aclarar por qué el nombre Las Nazarenas, porque hay unos colegas que pusieron el mismo nombre, cinco años de pleito y lo gané.
EC - Existe esa misma marca en Montevideo.
G de los S - Claro, y en el interior también. Yo puse dos años antes el nombre Las Nazarenas que el de Montevideo. El de Montevideo no me importa que tenga el mismo nombre y que lo siga teniendo. Igual se los podría sacar, porque gané el pleito, pero son gente muy buena estos de Montevideo, te aclaro. Los del interior sí quiero que saquen el nombre y ya esta semana va a ir la carta documento, como dicen los argentinos.
Quiero decirte cómo lo gané. Cuando hicieron todas las preguntas cinco años estuvimos peleando, ¿por qué se puso ese nombre? ¿Sabes por qué la espuela se llama "nazarena"? Porque es la corona de Cristo nazareno, llena de espinitas, ese es el motivo por el cual se llama nazarena la espuela.
EC - Estamos aprendiendo todos.
UC - El dueño de Las Nazarenas de Tacuarembó le regala a cada nieto de la gente que le ha comprado toda una vida su parcito de botas.
G de los S - Sí, y estoy quedando viejo, porque el año pasado me dieron el tal toque con las botas de niños.
UC - Acordate de que mañana vienen mis nietos.
G de los S - Sí, y quiero agradecer a Concepción también, porque ha hecho pasar mis botas para el lado de la Argentina y se ve que han tenido buen éxito.
UC - No diga eso por radio que la gente va a pensar que soy contrabandista.
AS - Ha pasado tanta cosa, pallá y pacá.
EC - Desde temprano cuando abrimos esta Tertulia estamos escuchando guitarras de fondo en las cortinas que hemos seleccionado para hoy. Pero acá frente a mí tengo una guitarra en vivo y en directo: la que se ha traído don Uberfil, y la tentación de pedirle que la toque, de pedirle que cante es enorme. Sobre todo, estando como estamos, ante un payador que además practica una variante relativamente nueva en Uruguay, que es la de la payada en el ruedo y durante la jineteada. Cuéntenos brevemente esa historia.
UC - Ponele que Gregorio de los Santos montara un potro.
[Canta.]
A Gregorio de los Santos allí por el palo dos
un jinete que ha llegado de allá de Tacuarembó
está pronto en la largada y entonces en este sostén
yo improvisando le digo de que le vaya muy bien.
Y cuando termine de montar:
Al terminarle la monta siendo que lo pongo a prueba
cada palabra se eleva, mas de verdad si no topa
yo pienso de que la ropa tendrá que comprarla nueva.
O sea que se cayó.
[Aplausos.]
EC - Usted es como el comentarista de la trasmisión.
UC - Sí, señor, lo hago en verso.
EC - Un comentarista en verso y con música, que introdujo esta costumbre acá. ¿Cómo es?
UC - Sí, según la historia del Prado, que debe conocer más Soria que yo, cuando arranca el Prado hace 88 que animaba un payador que vivía en la tablada que se llamaba Pedro Medina, y don Luis Alberto Martínez era más joven, como los potros eran crudos y demoraban mucho para abrir el palo y para largar no se quedaban quietos, había tiempo para hacer algún verso. No sé si improvisaba entre potro y potro o cantaba algún verso con Luis Alberto Martínez, que fue una eminencia de payador, como lo fue Pedro Medina. Yo de Pedro Medina no me acuerdo ni de la cara, pero de él para acá me acuerdo de todos los que pasaron en esta tierra oriental y alguno de la Argentina también.
AS - Lo hacían improvisando también a veces, no solo en el ruedo. Eso de la improvisación, de utilizar el verso aun para hacer un comentario o para otro tipo de defensa se cultivó siempre. No tan frecuentemente en el ruedo en la época que dice Uberfil, pero en los boliches de campaña los payadores iban a hacer su espectáculo sin que existiera contrato mediante. La forma lucrativa generalmente era la rifa de una botella de caña que donaba el dueño de la pulpería: se vendían los números, se hacía el sorteo y el que obtenía la botella generalmente la donaba otra vez, se la regalaba al payador a condición de que la rematara improvisando. Entonces la alusión a la oferta era matada por el siguiente oferente, todo eso se hacía en verso. Y habían desarrollado un gran oficio al respecto. En Fray Bentos había un payador que también era rematador de oficio, el Gordo Grasso, y yo lo recuerdo, me parece que tengo en el oído el tono de voz rematando en verso, y no se equivocaba nunca.
EC - Rematar en verso...
AS - Rematar en verso, el rematador decía: "¿Cuánto dan por esta botella? ¿Quién da más? ¿Cuánto ofertó el anterior? ¿Cuánto está ofertando este ahora?", todo eso en verso, distribuyendo los sonidos correspondientes. Generalmente lo hacían en cuartetas, porque la décima es una medida un poco más engorrosa para que quede todo ahí. Se puede hacer también.
UC - Qué importante lo que dijo Soria, que antes no había contrato, los contratos salieron hará 25, 30 años.
AS - Sí, para el payador sí.
UC - Luis Alberto Martínez, Molina, Clodomiro Pérez cantaban en el tren.
EC - ¿En el tren?
UC - Subían acá, yo por ejemplo me acuerdo de los trenes que iban de Montevideo a Minas, ahí iba don Luis Alberto Martínez, una eminencia como payador, que crió a su familia sin tener contrato, hacía una rifita o abría simplemente el estuche de la guitarra y la gente depositaba... no sé qué plata sería, una moneda o 10 pesos o un papel de un peso, esos los conocí. Y con eso mantenía su casa. Nosotros ahora tenemos otra forma, salimos del rancho nuestro para el trabajo y ya sabemos lo que vamos a cobrar. Por ahí no cobramos esa plata, porque fue mal, pero cobramos la aproximación.
EC - Acá, en el caso concreto de la Criolla del Prado, usted, por ejemplo, tiene un trabajo, tiene un contrato.
UC - Sí, dos. Tengo el contrato del campo de la parte del ruedo...
EC - ¿Cuántas horas está payando en el ruedo?
UC - Desde las dos de la tarde hasta que termina, 90 montas por día. No es fácil tampoco.
EC - No es fácil no repetir, supongo.
UC - Sí, aunque uno no quiera repetir, te aseguro que repetís, porque si no, no improvisás, si no, traés todo hecho. Y tampoco se puede traer preparado esto del floreo, porque si yo tengo preparado algo para un jinete que se cayó y no se cayó y tengo que cambiarlo. Entonces no preparo. Prefiero tener algún tropiezo, alguna equivocación, alguna patinada en alguna rima y no preparar.
EC - Ese es un contrato. ¿Y el otro?
UC - El otro en el Molina, donde está mi amigo, mi compañero, respetado poeta, respetado payador, que se llama Abel Soria, con Irma, que son los que nos presentan allí todas las noches en la payada.
***
EC - Rosario, ¿en qué otra parte del Prado te encontramos en este momento?
RC - Para que don Gregorio no se enoje porque hablé de la competencia, llegué hasta el local de Las Nazarenas. Sin embargo, no me voy a ocupar de los recados que están en soportes en la puerta, sino de algo que está llamando poderosamente la atención: es realmente una maravilla la cantidad de gente que está alrededor de esta mesa llena de cuchillos y facones de todos los tamaños, con todo tipo de empuñadura, de hueso, de guampa, de plata y oro. En realidad es mérito del hijo de don Gregorio, y se llaman puñales gardelianos.
Tengo uno que llevo para nuestra audiencia, creo que es de guampa, para rifar entre los oyentes. Así que van a tener que organizar la forma en que vamos a regalar este preciosísimo cuchillo que llevo para allí.
En definitiva, es un mundo de gente y hay una anécdota que habla de ese humor tan característico de la persona de campo. En un momento había un paisano inclinado viendo nazarenas, una serie de estribos y de espuelas, entonces uno de los que está a cargo del local dice: "Tenemos tan bajos los precios que hasta los paisanos andan por el piso". Me pareció que era una buena forma de señalar eso que es un humor diferente y por cierto muy entrador.
EC - Don Gregorio está muy orgulloso de su hijo, creo que se le nota cuando habla de él.
RC - Por lo visto está teniendo un éxito bárbaro.
G de los S - Sí, de los dos. Pensar que yo odio hacer un cuchillo. Lo enseñé, pero yo llevé tanto sopapo de mi padre, en el tiempo en que se castigaba a los hijos. El cuchillo tenía que quedar color naranja, y cuando quedaba la catarata había que ponerle el aceite. Entonces ¡qué sabe este viejo, vamos a terminarlos así y vamos a jugar al fútbol! Y cuando el viejo terminaba el cuchillo, lo tiraba al suelo y se partía. Entonces lo odiaba. Lo de los cuchillos surgió, yo qué sé... me crié en una pobreza tan grande te lo digo con orgullo, porque pobres pero muy honestos que odiaba los cuchillos. Y un día charlando con mi hijo me dice universitario mi hijo, cuarto año de medicina: "Papá, ¿por qué no me enseñás a hacer los cuchillos?", "Yo te enseño, pero yo los odio". Y le enseñé a hacer los cuchillos, veníamos viajando y me dice: "¿Y qué nombre le ponemos?". Como yo tengo sangre indígena, quería ponerle nombre de indio, pero me dice: "No, papá, si los indios se terminaron todos, dejá quietos los indios". Y dice: "¿Y si le ponemos gardelazo?" No, quedaba muy soberbio. Ahí arrancamos los dos y: "¿Gardelianos? Vamos a ponerles gardelianos". Y pegó el nombre, están en España también los cuchillos de mi hijo. Pero yo odio los cuchillos, no los puedo ver.
***
EC - Seguimos en la Criolla del Prado, con don Abel Soria, Uberfil Concepción, Gregorio de los Santos, que nos han estado acompañando desde las nueve en esta mesa. Y ahora incorporamos el invitado que faltaba, el jinete: está con nosotros Leonardo Fernández, que tiene nada más que 20 años y viene de Mercedes, en el departamento de Soriano.
Aquí está él con su boina, camiseta color naranja, el termo debajo del brazo y el mate que ya quedó arriba de la mesa.
Leonardo, ¿es tu tercera presencia en el Prado?
LEONARDO FERNÁNDEZ:
Sí, este es el tercer año que participamos.
EC - O sea que debutaste con 18 años.
LF - Sí, tenía 18.
EC - ¿Desde cuándo te dedicás a esto de las jineteadas? ¿Desde antes de los 18?
LF - Sí, arranqué allá en el ruedo de aficionados a los 15 años.
EC - ¿En qué especialidad competís?
LF - En pelo.
EC - Explícaselo al oyente que capaz que nunca vino a una jineteada.
LF - Es como se llama la monta indio, que vas en el pescuezo nomás y agarrado de las crinas.
EC - ¿Es la más difícil?
LF - No sé si es la más difícil, pero a mí me gusta. Capaz que me entiendo más, por eso no se me hace tan difícil, me gusta más que el basto oriental.
EC - ¿Y cómo te ha ido en estos años que has llegado acá a Montevideo?
LF - Siempre hemos tenido suerte, porque andaba entreverando ahí, y ahora veníamos medio mal, pero por suerte ayer pudimos sumar. Vamos a ver si se corta la racha y podemos seguir sumando.
EC - ¿Qué quiere decir "hemos venido mal hasta ahora"? ¿Qué te ha pasado?
LF - Venía perdiendo, me venía cayendo, los tres caballos anteriores los había perdido, cero punto. Y ayer por lo menos pudimos sumar, que es muy importante, por lo menos para ganarse un lugar para el año que viene.
EC - ¿Qué les decís tú a quienes critican las jineteadas? Hay toda una movilización en contra que se da acá en el Prado mismo, hay organizaciones que a través de algunos de sus militantes se manifiestan y reclaman que directamente se prohíba esta práctica, que en Uruguay es deporte nacional declarado por ley.
Tengo acá entre los mensajes de nuestros oyentes en Facebook uno de Joaquín que dice: "Las criollas deberían desaparecer, prohibirlas. Son una tortura al animal. Lo mismo que cuestionamos cuando vemos los carritos tirados por animales en total descuido y exigiéndoles hasta el último aliento en base a castigo. Unanimidad de criterios hay que tener, de otra forma nada es creíble y mucho menos podremos combatir aquellos abusos".
Supongo que has tenido estas discusiones, que has hablado de este tema con otra gente.
LF - Sí, ellos piensan que uno maltrata a los animales. Yo lo veo distinto, porque un potro de la doma acá cuando mucho se le hacen cuatro montas y después se va, está todo un año suelto.
EC - Es el caballo que menos trabaja, decía Uberfil.
UC - Es el caballo que menos trabaja. Le voy a decir a Joaquín, el oyente, que la espuela que se usa es mocha, no tiene punta; aquí en el Uruguay se castiga con el poncho, o sea, se aviva el caballo con el poncho, y el rebenque que se usa es de sotera ancha. Me gustaría que Joaquín fuera al hipódromo, donde el caballo se lleva para correr, se enchufa, se le pone una droga para que gane o para que pierda, y a los tres o cuatro años de estar allí se saca con las rodillas hinchadas, con los nudos de las manos mal, se le tuercen todos los huesos por la droga que le dan.
EC - No siempre, ¿no?
UC - Sí, sí. Que vaya a los feedlots donde se engorda hacienda a ración, que están en el verano completamente al sol y cuando llueve están con el barro por la panza. Me gustaría que empezara por allí, no por esto, que el caballo de la jineteada debe de trabajar 20 minutos por mes. Y está en el mejor campo, guarda que tampoco está pasando mal.
EC - De todos modos, por lo que usted mismo estaba contando, ha habido no sé en qué período, pero en los últimos tiempos la incorporación de una serie de cuidados. ¿Siempre las espuelas fueron mochas?
UC - Sí, sí. Aparte de eso, se revisan las espuelas. Los crineros como él...
EC - ¿Qué es crinero?
UC - Crinero es el que monta en pelo.
EC - Y se agarra de la crin.
UC - Hay espuelas que están trabadas, que se les tuercen las púas. Y hay crineros tramposos: el pihuelo, que es largo, es hecho de un caño agujereado, y el que es tramposo le pone un fierrito adentro. Entonces cuando lo va a revisar el que revisa espuelas, el crinero baqueano pone el pie hacia abajo, hacia el piso, y no se cae, y cuando levanta la pata así el fierrito cae y se traba. Pero como se revisan las espuelas es difícil que un crinero lo use.
EC - Don Abel, ¿usted qué dice de este debate?
AS - Es un tema largo y hay mucha cosa publicada ya desde la Antigüedad. En España se utilizan terminologías parecidas para la corrida de toros, que es un deporte nacional para ellos, muy tradicional, y ha tenido y sigue teniendo sus adictos y también quienes rechazan semejante forma, utilizando incluso el término "esclavitud", "crueldad".
Hay un poema firmado por Heredia que es la descripción de una corrida de toros. El poema empieza con la métrica bien elegida, bien combinada, con los sonidos de cada sílaba deliberadamente puestos donde tienen que estar, y hace la descripción, y al que va leyendo el poema, que es largo, le parece estar asistiendo realmente a una corrida de toros, es como estarla viendo. Y uno va llegando al final de la última estrofa con la duda: ¿cómo va a terminar Heredia este poema?, ¿qué va a decir para finalizar? Ya ha hecho la descripción de todos los detalles, de todos los pormenores. Y el poema termina diciendo: "espectáculo atroz, mengua de España".
Podrían aplicarse términos parecidos para quienes están haciendo la defensa del animal en este momento, pero para nosotros ha sido muy desasnante la observación de Uberfil al respecto. A veces la crueldad no es tanta como se supone. Pero yo estoy dispuesto a escuchar todas las campanas, no me voy a poner a escribir nada, porque no es mi especialidad, puedo escribir sobre bueyes, rastras, arados de mano, pero no es mi fuerte hablar del ruedo y de los baguales, los escucho a todos. Y me acordaba ahora de ese poema de Heredia que no sé si se sigue diciendo en España, pero aparecía como ejemplo en los viejos libros de retórica de versificación, de preceptiva, en lo que tiene que ver con las tradiciones y hasta qué punto merecen o no ser compartidas.
EC - Leonardo, sobre este tema ¿qué más podrías agregar tú, ahora que escuchaste todos estos argumentos?
LF - No sé qué puedo acotar yo.
EC - ¿Cómo te llevás tú con el animal, con el caballo? Con el caballo que jineteás, con ese animal en particular.
LF - Uno siempre trata de buscar la ventaja, porque pelea con un animal. Pero mi padre tiene tropilla, así que lastimar un caballo no va conmigo, siempre intento lo más legal posible para el caballo y lo más legal para mí.
EC - A mí me preocupa la otra parte de este deporte, me preocupa el jinete, porque existe toda esta movilización que procura cuidar al caballo, y muchas veces me pregunto si no habría que hacer otra movilización, en todo caso, para cuidar al jinete. ¿Cómo manejás tú el tema del riesgo? Porque es un deporte de riesgo, ha habido accidentes, ha habido colegas tuyos, hace poco y hace mucho, lastimados, algunos seriamente lastimados.
UC - Creo que el porcentaje de jinetes accidentados siempre es mayor que el de caballos accidentados.
EC - Y eso, tú que estás metiéndote ahora, que tenés apenas 20 años, ¿cómo lo considerás?
LF - No sé, desde que empecé a montar siempre llevaba golpe y golpe, se ve que aprendí a caer.
EC - Claro, pero este es el momento de la monta en el que más riesgo corrés, no es lo mismo que andar a caballo en el campo todos los días.
LF - Sí, pero en el campo también, porque va andando a caballo, rueda el caballo, lo aprieta y le quiebra una pata igual.
EC - ¿No tenés el temor de que por competir por lograr un buen lugar, una distinción, un premio, termines un día con una discapacidad?
LF - No, hasta ahora he tenido suerte, no he tenido roturas grandes ni nada, pero pienso siempre lo mismo: que igual voy caminando en la calle, me tropiezo y me parto la cabeza contra el cordón. Lo veo sencillo, nunca he tenido accidentes.
EC - ¿Qué hacés habitualmente? ¿Cuál es tu trabajo cotidiano?
LF - Trabajo en una empresa para el ministerio que hace mantenimiento de rutas y esas cosas.
EC - No estás día a día en el campo entonces.
LF - No, ahora hace tiempazo que no ando a caballo, no tengo mucho entrenamiento.
EC - Don Uberfil, ya que sigue con la guitarra allí, ¿qué diría, qué cantaría a propósito de nuestro invitado, de Leonardo? ¿Cómo lo ve?
UC - [Canta.]
La vieja milonga en re
siendo que es grande, muy grande
para que le cante a un chico que es Leonardo Fernández,
jinete que es de Soriano, como él me lo mencionó,
y Soriano, sabe, amigo, donde esta patria nació.
Y si es joven todavía en las seis cuerdas tirantes
seguro para la monta tiene un mundo por delante.
Le via decir a Joaquín que le mandó ese mensaje
es claro la forma nuestra, es distinto su fogaje
uno tiene que pensar sinceramente un ideal,
hay cosas que se hacen bien y usted dice que están mal.
No tiene importancia, hermano, mire lo que voy a hablar
pues tenemos libertad, compañero, pa opinar.
[Aplausos.]
***
EC - Entre los oyentes continúa el debate a propósito de las jineteadas, si es maltrato o no. Hay dos grandes líneas. Por ejemplo Mercedes dice: "Ojo, el jinete elige, el caballo no. Ahí está la diferencia". Esa es una de las lecturas. Y después está la otra: "Ojalá que todos los citadinos que aparecen en contra de las jineteadas vivieran como viven estos potros: libres. Lamentable la gente contra todo, porque sí".
Tengo un pedido para usted, Abel. Hay alguien que quiere que me explique el "Himno a la torta frita". ¿No hablamos ya alguna vez de eso?
AS - Sí, es posible. Yo no me sé ahora de memoria ese texto, hace ya unos cuantos años que lo escribí.
EC - Pero viene muy bien, porque estamos hablando de tradiciones.
AS - La torta frita ha originado frases hechas todas muy aprovechables, como por ejemplo "a falta de pan buenas son tortas", que da la impresión de que minimizamos la importancia de la torta con respecto al pan y no es así. A veces resulta más apreciable una torta que un pedazo de pan, depende de las condiciones de una y de otro.
En cuanto al origen hay muchas cosas propuestas, hay muchas discrepancias de los folclorólogos, de los supuestos entendidos en la materia. Yo estuve hace varios años ya en San Pablo y el debut fue en una congregación libanesa, cuando terminamos de actuar se trató de cenar y el pan libanés es pintado una torta frita, viene a ser lo mismo para nosotros. Podrá tener diferencias en la fórmula, en la cantidad de ingredientes, en los porcentajes, en eso no me meto, porque en materia de cocina lo único que sé hacer es café instantáneo sin batir, ahí se terminan mis especialidades.
Los paisanos utilizan mucho la torta frita incluso como núcleo metafórico cuando van a decir un piropo al revés, un piropo desaprobatorio. Por ejemplo, a una muchacha cuya boca es demasiado grande le dicen: "Usted, señorita, tiene una boca como para comer tortas dobladas", ya no es la torta cortada ni mordida, la torta doblada. Incluso los paisanos lo decían mirando los cuadros de Molina Campos, cuyos rasgos exagerados, caricaturescos, originaron tantas frases. Los paisanos decían: "Pero este gaucho que viene a caballo tiene una boca como para comer tortas dobladas".
Nosotros la seguimos comiendo. El hecho de que se consuman más frecuentemente cuando llueve también tiene varias explicaciones, hay quien dice que es porque las primeras de que se tiene noticia se hacían con agua de lluvia, otros dicen que resuelven el problema de ir hasta el boliche a comprar el pan, entonces prefieren hacer tortas en la casa cuando está lloviendo para no mojarse. Es un poco antojadiza esta última posición, pero también existe, porque si uno va a comprar harina ya le sirve de pretexto para tomarse una copita, para qué vamos a negar eso. Habría mucho para decir.
EC - Sí, porque está claro que usted no solamente escribió el "Himno a la torta frita", además es una especie de especialista.
AS - Sí, una especie de especialista.
EC - Da charlas sobre la torta frita, incluso, ¿no?
AS - Sí, el Día del Patrimonio, que es una hermosa oportunidad para hablar de todos estos temas, uno se informa o se reinforma, repasa estrofas que pueden estar semiolvidadas y al ir a charlar con la gente, a veces a las escuelas, habla de la torta frita, del mate cocido, del salchichón casero, de una cantidad de manjares que a lo largo de las generaciones se mantienen con la misma fórmula y el mismo grado de apetencia colectiva.
El salchichón casero, que en las zonas chacareras se sigue elaborando, obviamente tiene un origen europeo, pero ha echado raíces muy criollas en nuestro medio. En Los Cerrillos, de donde soy oriundo, partir un salchichón luego de unos meses de sazonamiento es una verdadera fiesta, se corta con el cuchillo en forma oblicua con respecto al eje para que las rodajas no salgan muy redonditas, en cuyo caso serían más chicas que cuando las cortamos al sesgo, y tienen todo el aspecto de la silueta de una alpargata pero con otro color. El salchichón casero, picantito, es una excelente merienda y sigue usándose, sigue siendo destinado a la especulación económica, como dice Landriscina, en los ranchos donde se carnea. Me han dicho los mismos paisanos que ya no se carnea tan seguido como antes, que eso no es que tienda a desaparecer, pero parecen haberse minimizado la fuerza y la frecuencia con que se carneaba.
Con respecto a la torta frita, hablamos en las escuelas muchas veces, los niños opinan, levantan la manito y dicen su experiencia, su observación, se refieren al aroma de un salchichón o de una torta frita o del mate cocido, y del gofio. El gofio es otro manjar que no podemos dejar de lado cuando llega el Día del Patrimonio, inclusive cuando el Día del Patrimonio y el Día del Lenguaje coinciden. Se suele elegir la misma fecha para ambos conceptos, porque las nomenclaturas y las etimologías también pueden variar según el lugar donde uno se encuentre. Hace muchos años en Córdoba un lugar que seguramente conoce Uberfil, en el pueblo El Arañado, escuchan los versos, se enteran y un cordobés me preguntaba qué es eso del gofio. Empecé a tratar de explicarle...
EC - ¿El gofio es solo nuestro?
AS - No, es universal y tiene una curiosa etimología.
EC - ¿Y en Argentina no lo conocen?
AS - En algunos lugares no lo conocen. Incluso en algunos lugares del Uruguay. Empecé a tratar de definírselo como harina de maíz tostado, pero me pareció que no era el momento de dar explicaciones y le dije: "Mirá, si el año que viene, si tengo suerte de volver al pueblo El Arañado siempre íbamos para la fiesta maya, te prometo traer gofio y lo vamos a conocer personalmente sin tanta explicación". Me acordé, al año siguiente llevé un paquete de gofio, me confabulé con las damas encargadas de la cocina, y cuando llegó el momento, en plena actuación, de referirme al gofio, pedí que me lo alcanzaran. Me alcanzaron una taza de leche caliente y un platillo con gofio, comí gofio en el escenario y siempre digo que tuve más éxito comiendo gofio que cantando milonga.
EC - Tenemos que ir cerrando, está difícil para redondear esto, sobre todo porque da para mucho el tema en el que nos hemos metido, este de las tradiciones. Me gustaría que don Uberfil fuera en busca de la guitarra de vuelta, porque creo que sería el cierre ideal. Pero les pregunto para terminar: ¿ustedes qué piensan de estas tradiciones?, ¿qué futuro tienen? ¿Es fácil conservarlas? ¿El Uruguay, el país en particular, está en condiciones de hacerlo?
UC - Sí, mientras existan los caballos y los gauchos esta tradición va a seguir.
EC - ¿Qué dice de eso el más joven de la mesa, nuestro jinete?
LF - Pienso que la muchachada joven va a seguir.
EC - ¿Cómo ves a la gente de tu edad en ese sentido?
LF - Se han perdido muchas cosas de la gente de antes, por supuesto yo ando de remera y antes un gaucho no andaba de remera. Pero las jineteadas y esas cosas para mí van a continuar.
UC - [Canta.]
Yo decía en el comienzo que el modernismo nos topa
y el gaucho siempre es el gaucho, no hay diferencias en la ropa.
Y a usted, mi amigo Fernández, en forma sensacional,
se vista como se vista, pues va a ser un gaucho igual.
Por lo que me dijo Soria cuando del gofio me hablaba
y yo mis comienzos, Soria, desde mi niñez pensaba
mi padre en un sartén grande, mas de verdad oportuno
fritaba tocino y gofio y ese era el desayuno.
Gracias a El Espectador, esta radio que hay aquí,
una radio grande, grande, que está acá por mi país.
Y gracias al locutor, igual allí en los controles,
entonces de tal manera los tonos se hacen bemoles
y a la chica que hay afuera que recién pues comenzaba
también mi palabra gaucha de payador le opinaba.
Mil gracias por invitarme y voy a decirle aquí
no sabe cuánto lo quiero, compañero, a mi país.
No importa que viva afuera, sinceramente expresar
la identidad de mi tierra jamás la voy a dejar.
Y hasta la vuelta, paisano, por lo menos si se puede,
que si me invita pal año, aquí via estar con ustedes.
[Aplausos.]
EC - Muchas gracias. Con esa guitarra de fondo vamos a terminar de despedirnos. Vamos a agradecerles a quienes nos han acompañado, a Gregorio de los Santos de Las Nazarenas de Tacuarembó, que tenía algo para agregar.
G de los S - Sí, porque tengo muchas anécdotas en los años.
EC - Pero usted tiene algo para decirnos con respecto a nuestro jinete acá.
G de los S - Sí, que la sorpresa se la iba a dar, porque él mandó hacer un par de botas de medida, salen 270 dólares, y ayer con la vuelta de honor se las voy a regalar.
EC - Ah, mire qué interesante.
G de los S - Ahora me estaba reclamando que se ganó las botas.
UC - Qué pena pa mí que no monto.
G de los S - Quiero agradecer por esta preciosa oportunidad. Yo he sido tocado por la varita mágica de tener tanta suerte en mi vida, y este ha sido uno de los momentos, porque termina el Prado y digo "qué bien que me fue, qué bárbaro", pero esta mañana para mí el Prado fue lo máximo. Compartí el mate amargo con Abel Soria, con un payador como Concepción, con un hijo de un jinete cliente mío de toda la vida que ayer dio vuelta de honor. Esto es una prueba más de que no solo lo material hace feliz, estos momentos son lo máximo. Muchas gracias.
EC - Ha sido muy interesante y muy disfrutable esta conversación. Gracias a usted también, gracias a Leonardo Fernández, y suerte en lo que queda de la Criolla, suerte con la jineteada que se viene.
G de los S - Quería contarte algo de Ramón Fernández, que es un gran jinete, reconocido. Ramón Fernández en el Paso de los Loros en Flores ese año clasificó por primera vez al Prado, y yo lo conozco, siempre subió con un tirador de carpincho amplio. Ese tirador de carpincho era lo más caro que yo tenía en mi stand, yo andaba con unas bolsitas al hombro, y le toca una yegua que venía imparable de todos lados. Él me había comprado el tirador, el premio de la Criolla era 50 pesos y el tirador valía 98 pesos, entonces se tenía tanta fe que me dice: "¿No me lo reserva para luego, me lo aguanta?", le digo: "Se lo aguanto, sí". Cuando tiran el sorteo le toca esa yegua, entonces viene y me dice: "Mirá, no me lo reserves, porque no voy a llegar", y se va.
Y todos los gauchos que estaban alrededor de él, lo que me llamó la atención, dicen: "Qué lástima, el Negro va a subir a esa yegua, qué bien que anda y clasificó para el Prado, la yegua lo va a matar". Eso me llamó la atención, que todos los gauchos que estaban allí, Walter Serena, Domingo Pérez, Darío Miller... podría nombrarte todos los jinetes, porque soy un gran admirador de los jinetes. La cosa fue que viene de vuelta y dice "qué tirador", no tenía un agujerito ni de la bala, entonces le digo: "Mire, Ramón, si usted aguanta la yegua esa, yo le voy a regalar el tirador". Dice: "¿Será que usted me lo regala mismo?", "Sí, se lo regalo". Era lo más caro que yo tenía en el bolso. Ni en el Prado vi una jineteada, una batalla tan grande como fue esa de Ramón con la yegua esa. Me ganó el tirador, me lo ganó.
EC - Esa es la herencia que está representando Leonardo acá.
G de los S - Sí, el Pato es cliente mío, y que te diga quién le hizo el primer par de botas.
EC - Abel Soria también, un placer volver a encontrarlo en una mesa de En Perspectiva.
AS - Igualmente, quiero manifestar públicamente el contento que ha significado poder compartir la opinión, la mesa, el mate, la sonrisa, la esperanza y el recuerdo. Hasta la vuelta.
EC - Rosario, desde el ruedo mismo, un apunte.
RC - Volví adonde comencé con esta crónica, junto a los corrales donde están los caballos, para descubrir a la yegua madrina. Porque es un personaje del que no hablamos, esa yegua que va al frente de la tropilla con un cencerro y que además, acabo de enterarme, tiene otra característica: tiene que tener un pelo diferente del resto de la tropilla. Esta es una rosilla bien linda, y por lo visto le han asignado ese papel de llevar adelante la tropilla.
***
Transcripción: María Lila Ltaif