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Ataques de pánico y fobias

Es imposible saber con exactitud cuántos individuos padecen trastornos mentales, aunque según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado en 2001, unos 450 millones de personas en el mundo sufren algún trastorno mental o neurológico. "Un ataque de pánico y una fobia sin tratamiento pueden llevar a algo más grave que la depresión, que es la melancolía o el suicidio", indicó el psicólogo Mario Aquino.

Aunque existen tratamientos eficaces para muchas de estas enfermedades hay un amplio número de personas afectadas (casi las dos terceras partes) que nunca acuden a un profesional.

La OMS señala que la estigmatización, la discriminación y la indiferencia impiden que la atención y el tratamiento alcancen a todos los afectados por esos trastornos. Los trastornos depresivos ya son la cuarta causa más importante de la carga mundial de morbilidad y se prevé que para el 2020 figurarán en el segundo puesto, por detrás de la cardiopatía.

En el buscador de internet Google cuando se escribe "ataque de pánico" aparecen 33.600 paginas en español sobre el tema.

Lo que hoy se denomina ataque de pánico es una versión actual, con algunas diferencias y similitudes, de lo que en 1894 Sigmund Freud llamó "neurosis de angustia".

Generalmente se confunde el significado de agorafobia y se piensa que es el temor a los espacios abiertos. Pero, en realidad, quiere decir que es miedo a no poder escapar de un lugar o situación; por eso, los sujetos que padecen fobias buscan estar cerca de las salidas. La sensación es la de tener que escapar de un peligro inminente, la aparición de síntomas fisiológicos que les hace sentir que su cuerpo les da señales de estar frente a un peligro de muerte, de pérdida de control de sus actos y con la sensación de estar enloqueciendo.

La Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos postula en su último manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, dos tipos de agorafobia: una con trastornos de pánico y otra sin trastornos de pánico.

Un ataque de pánico es un períodos inesperado y que se repite de intenso terror o incomodidad, acompañados de otros síntomas y duran desde algunos minutos hasta varias horas.

Los síntomas son: terror intenso (un presentimiento de que algo terrible va a ocurrir); palpitaciones rápidas del corazón o taquicardia; sudoración; sensación de falta de aliento o ahogo; dolor o malestar en el pecho; náuseas o malestar abdominal; sensación de inestabilidad o desmayo; desrealización, es decir, sensaciones de irrealidad, despersonalización (sentirse separado de uno mismo), miedo a perder el control o volverse loco; miedo a morir; parestesias (entumecimiento o sensación de hormigueo); temblores o sacudidas; y, ráfagas de calor o escalofríos.

Hay, entonces, una disfunción fisiológica sin que ningún órgano esté enfermo.

Le preguntamos al psicólogo Mario Aquino sobre el origen de la enfermedad. Aquino es psicoterapeuta, miembro fundador de la Asociación Psicoanalítica Psicodramática del Uruguay, fundador y conductor del grupo Transitando y autor del libro El camino de regreso (publicado por Psicolibros-Waslala).

"El origen tiene que ver con una dificultad del individuo de interrelacionar lo que pasa con los procesos emocionales y lo que pasa en el cuerpo y el correlato es permanente. Lo que sucede con una persona que sufre un ataque de pánico es que acumula tensión y el cuerpo dice que no soporta más. Entonces, se produce el estallido. Después del primer ataque de pánico la persona queda con miedo y gran tensión a que esto se repita. Lo principal tiene que ver con la falta de conciencia de la cantidad de insatisfacción que permanente tiene el sujeto", explicó el psicólogo.

¿Qué tiene que ver, entonces, el grado de satisfacción que tiene una persona con esta enfermedad? "La insatisfacción genera tensión y la tensión tiene que descargarse. Es un proceso biológico, no psicológico. Cuando no tenemos un acceso fluido a la satisfacción se produce lo contrario: la insatisfacción. Los síntomas son un signo y un sustituto de la insatisfacción que experimenta el individuo. No se da cuenta de que hay una gran cantidad de insatisfacción en su vida pero tiene síntomas que lo denuncian", señaló.

La primera infancia es muy importante en la estructura de la personalidad de un individuo porque "una vivencia real o fantaseada de abandono", según Aquino, lo puede afectar seriamente.

Es en ese momento que se puede establecer una patología mental. "En el caso de la persona fóbica e inclusive en la persona que sufre ataques de pánico hay tempranamente una vivencia real o fantaseada de abandono. El cuadro es diferente si una persona fue abandonada tempranamente por sus padres a si una persona se sintió abandonada porque sus padres se fueron de vacaciones. La terapéutica en un caso y en el otro es significativamente diferente", indicó el experto.

También influye en la conformación de la enfermedad el grado de autoexigencia de la persona. "La autoexigencia implica que el individuo, para no fallarle a los demás como le fallaron a él sus padres (por ejemplo), tiene que cumplir su rol de no fallar en ningún momento a nadie. Esto genera una enorme exigencia porque intenta ser perfecto, intenta tener una conducta de cero error y como esto no es posible comienza a tener una sensación de impotencia y enorme invalidez que otra vez lleva su autoestima hacia abajo", comentó el especialista.

Eso deriva en un comportamiento que el psicólogo comparó al de los niños. "Los fóbicos y los que sufren ataques de pánico tienen que salir acompañados, pero uno sale acompañado cuando se es niño. Los temores que tiene el fóbico son irracionales y éstos se manifiestan en esa etapa. Por ejemplo, el temor a la muerte o a la enorme alegría", recordó.

Existen fobias a las arañas, a volar en avión, a los ascensores, entre otras.

Aquino marcó la diferencia entre hombres y mujeres: "el problema deviene de una proyección, es decir, de poner afuera lo que tenemos adentro. Creo que la mujer utiliza mucho más su sensibilidad que el hombre y la pone más de manifiesto. La proporción en la consulta es, por lo menos, de cuatro a uno en favor de la mujer".

En cuanto al rol de la familia frente a una persona que tiene ataques de pánico, el psicólogo dijo que es un trabajo "muy sacrificado". "El rol de la familia es muy difícil, muy sacrificado, tratan de hacer todo lo que pueden y no consiguen que el enfermo mejore. Entonces, se generan tensiones por la impotencia y comienzan a agredir verbalmente al enfermo. Actualmente, el entorno está mucho más informado y lo derivan a un médico", explicó Aquino.

Los traumas de la infancia y la genética. También hay una explicación de los ataques de pánico en las experiencias traumáticas vividas durante la infancia y adolescencia temprana.

El psiquiatra Álvaro Lista (psicofarmacólogo, profesor titular de la Universidad Católica del Uruguay y profesor asociado de Psiconeurofarmacología de la Universidad Diego Portale de Santiago de Chile) ejemplificó ese punto: "En términos estadísticos entre un 20% y un 30% de las personas que estuvieron durante los atentados a las Torres Gemelas (Estados Unidos) tuvieron un efecto post traumático. Pero si vamos más atrás, podemos entender la diferencia de ese grupo con el resto que no sufrió esa enfermedad. Sabemos que hay ciertos genes que condicionan que un individuo desarrolle esta patología o una depresión post traumática. Si tomamos dos mujeres como ejemplo y una de ellas sufrió abusos sexuales en su infancia y la otra no, cuando se enfrentan a una situación como estar durante los atentados, la primera va a tener ansiedad y depresión y la otra no. Ello se debe a que la estructura del cerebro de la primera mujer va a estar modificada para toda su vida. Los estudios muestran que las mujeres que han vivido experiencias traumáticas en la infancia y la adolescencia temprana tienen un cambio en ciertas estructuras cerebrales, como una reducción en el volumen del hipocampo (...) que se debe a una desaparición de neuronas y de los circuitos de la estructura. Sabemos que esas personas son más vulnerables cuando se enfrentan a situaciones amenazantes", explicó.

Lo afectivo también afecta el desarrollo biológico del cerebro de una persona. "La falta de afecto y de atención física y psicológica durante los primeros momentos de desarrollo cerebral en la infancia" son factores que perjudican al sujeto, afirmó el psiquiatra.

El doctor Lista describió un caso hipotético para ejemplificar de qué manera influye la realidad en el perfil genético de un niño pequeño. "La Universidad de Wisconsin (Estados Unidos) demostró que los niñitos que vienen de mamás depresivas, durante el primer mes de vida, su cerebro tiene una predominancia en la construcción de la realidad del lóbulo frontal derecho y hay una hiperactividad derecha respecto a la izquierda. Aquellos que pasaron por situaciones adversas en edad temprana van a tener, para toda la vida, un sesgo en cómo el cerebro va a construir la realidad. La base de estos cambios permanentes es la regulación génica. (...) La probabilidad de que un familiar directo haga un trastorno de pánico está multiplicado por 20 con respecto a personas de la misma comunidad que no tienen esos antecedentes. Esta es una enfermedad con una carga genética enorme", señaló.

No existe un gen que provoque la enfermedad de tener ataques de pánico porque son enfermedades multigénicas, son cadenas de genes las que actúan, indicó el psiquiatra.

La cura. Aquellos que van a consultar preguntan si los medicamentos ayudarán para resolver ese tipo de enfermedad. A ello, Lista respondió que no hay un medicamento específico para curar los ataques de pánico.

De todas formas, reconoció que existen "fármacos tremendamente efectivos que actúan en los sistemas de neurotransmisión y que controlan las neuronas afectadas por los ataques de pánico".

Según el doctor, esos fármacos no provocan adicción pero sí dependencia, ya que toda sustancia que uno consume y que interactúa con el sistema neurológico o endógeno la provoca.

El cuerpo va a necesitar una adaptación cuando el fármaco se retire. Por eso, se hace en forma muy gradual y, en ciertos casos, hay que volver a tomarlo.

Paso a paso. Es importante entonces:
1) Reconocer que uno padece una enfermedad.
2) Consultar a un psiquiatra.
3) Consultar a un psicólogo.
4) Acompañar con otro tipo de terapias (grupales o de relajación por ejemplo).
5) Tomar conciencia que si uno no trata un ataque de pánico o una fobia, a la larga, puede desarrollar una depresión severa.
6) Saber que se puede salir del infierno y retomar el control de su vida de forma normal, inclusive placentera.
7) Que los familiares de enfermos de este tipo de trastornos consulten para poder acompañar a su ser querido en una forma positiva.