Asuntos Pendientes

Homosexualidad, cuando la felicidad no se encuentra en el sexo opuesto

"Salir del armario" es una frase común para expresar que una persona se declaró homosexual y que lo puede decir a su familia, amigos y a los individuos de su entorno. En este informe de Asuntos Pendientes se muestra una faceta de la historia: ¿cómo un hijo le comunica a sus padres que es gay o lesbiana?

El historiador José Pedro Barrán, en su libro Amor y Transgresión en Montevideo, escribió: "La moral es casi siempre cosa pública, se postula, se dice; la conducta es casi siempre cosa privada, pocas veces se convierte en teoría".

A diferencia del heterosexual, que no necesita decir lo que es, el

homosexual (gay o lesbiana) debe afrontar en algún momento de su vida su opción sexual, aunque sea para sí mismo. Pero lo difícil es cómo decirlo a un padre que uno no es heterosexual.

La fotógrafa, y reconocida activista en la defensa de la diversidad sexual, Diana Mines habló sobre el significado de la palabra homosexual. "La palabra gay, como la palabra homosexual, teóricamente implica a hombres y mujeres, pero ha sido identificada históricamente mucho con el varón homosexual. ´Homo´ quiere decir ´igual´; hay mucha gente que cree que quiere decir hombre, pero no. De todos modos las mujeres, hace muchos años, elegimos la palabra lesbiana para identificarnos y la defendemos como forma demarcar nuestra presencia", señaló.

Respecto a cómo decir a las personas del entorno que se es gay o lesbiana, Mines opinó que se siente una gran inseguridad pero que la sensación es de alivio. "En cuanto al hablar con la familia, en el trabajo o en otros ámbitos de la vida cotidiana es una experiencia muy reparadora porque, a diferencia de otros grupos marginados o estigmatizados, nosotros no tenemos un entorno familiar que nos sostenga. Por ejemplo, un niño o una niña afro-descendiente, o judía, o de cualquier otra comunidad que, de alguna manera, sea menospreciada en la sociedad tiene en su marco familiar un sostén. En cambio, el chico que se siente gay o la chica que tiene atracción por otras niñas no lo pueden decir en su casa porque se sienten únicos en el mundo, se sienten una especie de monstruo o falla de la naturaleza. Son todos los mensajes negativos que vienen, muchas veces, de los programas cómicos de la televisión o de algunos ámbitos religiosos. Por ejemplo, la Iglesia Católica ha hecho un trabajo terrible de estigmatización de nuestra comunidad y eso hace que haya inseguridad respecto a poder manifestarse públicamente", opinó la fotógrafa.

Consultada respecto al sentimiento que se experimenta una vez que se comunicó "la noticia", Mines dijo que al final de todo la vida continúa y que cada uno debe buscar la mejor manera de contar su opción sexual a su entorno. "Lo fundamental es estar en paz con uno mismo y saber que lo nuestro no es ni anormal, ni una enfermedad, ni una parafilia, ni una perversión, ni todas las cosas que la ciencia heredó de la religión para decir que lo nuestro no está bien. Tenemos que saber que lo que nosotros hacemos ese lo más lindo que existe sobre la tierra: amar. Creo que si la gente se sincerara y, realmente expresara sus maneras de amar, la diversidad sería mucho mayor de lo que mucha gente piensa. Una vez que esa seguridad interna está, hay que hablarlo y cada uno tiene que encontrar su modo. Sabemos de compañeros que han tenido que enfrentarse con padres que decían que si tenían un hijo gay lo mataban y cosas por el estilo, y también tenemos casos de padres o madres que tienen la cabeza muy abierta, que saben que viven en un mundo donde las cosas hay que hablarlas. La forma la tiene que encontrar cada quien, pero siempre desde la firmeza, nunca desde la culpa. Porque si ya enfrentamos una conversación sintiéndonos mal con nosotros mismos, nos van a destrozar. Yo creo que los grupos de diversidad sexual no hemos trabajado suficiente la interna, el sentirse bien con uno mismo", comentó.

También está la posibilidad de no revelar nunca la orientación sexual, no por miedo o por vergüenza, sino por una decisión largamente meditada. La persona puede ser consciente de que sus padres o familia jamás podrán entender o siquiera saber que su hijo o hija es gay o lesbiana. Pero, en el caso de decirlo: ¿cuáles son los riesgos que se corren?

"Existe el riesgo de perder un trabajo, de ser expulsado de una casa, de perder amigos o amigas. Pero, lo principal, es que eso no afecte la seguridad propia, el sentirse bien con la propia sexualidad. Creo que cuando la gente empieza a vernos como personas que estamos bien con nosotras mismas, terminan aceptándonos, porque la realidad no se puede ocultar y nosotros somos parte de ella. Siempre se ha mostrado la homosexualidad como una tragedia, como que la persona gay o la mujer lesbiana no van a ser felices, no van a tener una pareja estable, van a ser promiscuos, se van a agarrar VIH. Todos los mensajes negativos con que cargamos no se corresponden con la realidad. En la realidad, es muchísima la gente que encuentra a su pareja, o que está sola y se siente bien y tiene su círculo de amistades. La idea de tener grupos es tratar de sostener a la gente que se siente mal por su orientación sexual. Ser gay no es ser infeliz. Ser gay no significa no tener hijos, porque somos personas fértiles; los podemos tener por inseminación artificial y los tendríamos que poder tener por opción. Porque el sentido de maternidad y de paternidad no tiene nada que ver con la orientación sexual. Todos somos hijos de personas heterosexuales y eso no influyó en nuestra orientación. La orientación es algo que la gente siente, como siente la vocación", dijo la fotógrafa.

No es sencillo y, muchas veces, es doloroso asumir una preferencia sexual de homosexual. Mines habló de esta sensación. "El sufrimiento que provoca sentirse marginado es muy grande. Nuestra comunidad tiene un índice de suicidio adolescente muy alto. Precisamente, de jóvenes que no se animan a hablar en su casa porque tienen miedo a sus padres, porque son perseguidos por la burla en la escuela, en el liceo. Se sienten que están destinados a ser infelices. Y eso es muy doloroso. Creo que tenemos que ser más humanos unos con otros y reforzar la capacidad afectiva del ser humano", opinó.

El psicólogo y sexólogo Rubén Campero Balestrini ofreció algunos consejos a la hora de revelar que se es gay o lesbiana.

"En principio, la persona debe estar completamente segura, más allá de que uno nunca está completamente seguro de nada en cuestiones de la vida. El chico o la chica puede tener bastante trabajado este tema, por lo menos bastante conversado. Ahí vamos a un tema que es básico, que es tener una buena red de apoyo: amigos y amigas que sirvan como espacio de contención. No es lo mismo si la persona es un adolescente o ya está entrado en la veintena de años, porque van a haber características evolutivas diferentes. (Entonces), al tener un buen espacio de amigos se socializa el tema de la atracción por personas del mismo sexo. (...) Creo que las redes de apoyo son bien importantes. Otro eje fundamental es tener una buena información" del asunto, indicó el sexólogo.

Se deben prever diferentes reacciones por parte de la familia. Lamentablemente, la violencia es una de ellas.

"La reacción violenta de la familia, evidentemente, en un principio va a tener que ver con el shock, el impacto. Y después la negación, esto es no querer tener nada que ver con el tema o también (...) echar al hijo o a la hija de la casa, habitualmente al varón y se ve mucho porque esta es una cultura patriarcal. El varón es depositario del apellido que va a transmitir, además los genes. (...) El shock y la negación también pueden terminar en que la familia tenga una reacción violenta. (Y ello) va a depender de cómo han sido los vínculos que se han dado dentro de esa familia y de cómo ha circulado la información en esa familia".

Es en ese contexto que entra en juego el papel que tienen las diferentes instituciones que rodean a los jóvenes: la escuela, el liceo, los clubes y otras que también tienen que ver con la familia.

Además de la violencia, que aparece en algunos casos, otro tema importante es la vergüenza que siente la familia. Se sienten homosexuales por extensión.

"La vergüenza es un factor importante (...) porque la familia se convierte en gay o lesbiana. Al saber que tienen un integrante homosexual, hay una reacción familiar y los miembros de una familia se sienten que se convirtieren en eso. Y, de alguna manera, la familia empieza a vivir el estigma (...) porque, quizás, era una familia que sentía que socialmente sus roles están bien aceptados y no tenían que sentirse distintos, ni raros ni deformes. (Entonces), ahora, tienen que empezar a elaborar esta vivencia de ser diferentes (...) y eso toca a los padres y también a los hermanos. Pero puede involucrar a más integrantes de la familia", comentó el psicólogo Campero.

Para culminar, una mujer ofreció su testimonio a Asuntos Pendientes para ilustrar cómo habló del tema con sus padres.

"Me di cuenta que me gustaba una persona de mi mismo sexo cuando tenía 14 años. En aquel entonces el tema era mucho más tabú que ahora desde el punto de vista social, no existía en la televisión una telenovela a las cinco de la tarde con una pareja gay de hombres o de mujeres. Ahora, el tema está calando un poco más dentro de lo que es el imaginario social. En mi época no se nombraba. Existían los homosexuales varones pero no las mujeres. Además de que toda la vida siempre hubo una negación de la sexualidad femenina, el goce femenino es una conquista bastante reciente, mucho menos (estaba permitido) el goce de una mujer con otra. Entonces, cuando un hijo viene y dice soy gay es como que a los padres se les viene la noche, porque hay una cuestión: somos una civilización judeo-cristiana donde todo eso esta muy mal visto y, además, la heterosexualidad garantiza la supervivencia de la especie. (...) Lo primero que piensan es ´la culpa es mía´ o se preguntan ´de quién es la culpa. Yo no quería decírselos, mentí durante años, tuve una doble vida espantosa porque en mi familia somos super unidos y siempre nos habíamos contado todo y tener que ocultarle algo tan lindo como es estar enamorado, es espantoso. Para la persona de la cual te enamorás, tu casa y tu familia son referentes (...). Entonces es muy difícil decir que uno puede vivir con esa doble vida permanente que te agota, te estresa, te angustia, te sentís una porquería. Es muy difícil, muy duro y muy feo mantener esa doble vida. Pero también es muy duro y feo cuando se enteran porque llega un momento en que las mentiras son insostenibles a tal punto que salta. Entonces, cuando salta, viene la pregunta. Y cuando contestas que sí, es devastador. Estalla la bomba", contó la mujer de 35 años.