Montevideo recicla
Con la basura de grandes empresas como Ancap y Banco Santander se hacen blocks, papel higiénico y cartulinas para 50 escuelas carenciadas de Montevideo. Con la del Mercado Modelo y la del barrido de la IMM se hace abono para parques y plazas. Si se reciclara en serio, Montevideo podrían obtener 19 millones de dólares al año de la basura. Ese es el objetivo de "Montevideo recicla", el programa que lanzó la comuna la semana pasada.
Este informe presenta una radiografía a la basura de los montevideanos para descubrir algunos ejemplos de lo que se puede hacer y ya se hace con algunas de las riquezas que esconde esa bolsa de la que uno quiere deshacerse rápido. El 40% de lo que se tira en la bolsa de basura se podría reciclar, según un estudio del Plan Director de Obras de la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM). Y reciclando ese 40% se podrían obtener casi 20 millones de dólares por año. Un negocio tan rentable que en un solo año podría taparse el déficit de cinco años de pérdidas en los casinos municipales. De hecho, en Montevideo, 9.000 hurgadores más sus familias viven de lo que sacan por la venta de lo que encuentran en la basura de los otros. La IMM lanzó la semana pasada un programa para empezar a reciclar la basura en casa. Y no tiene un expectativa tan grande. Las autoridades dicen que se quedarían contentas si se reciclara entre un 5% y un 10% de lo que se tira, por lo menos en esta primera etapa. Cada uruguayo genera un kilo de basura por día. El promedio exacto es de 900 gramos. Una familia tipo, de cuatro personas, genera 1.314 kilos de basura por año. Cada día, llegan 1.900 toneladas de basura a la usina de Felipe Cardozo. Eso incluye residuos domiciliarios, industriales no peligrosos, los de obras civiles y de poda. Entonces, 1.400 toneladas diarias son residuos domiciliarios. En un país en el que la mitad de los niños viven por debajo de la línea de pobreza, el 55% de lo que termina en la basura son restos de comida. Le sigue el plástico, con más de un 12%, el papel con un 10%, los pañales con un 5% y el vidrio con un 3,4%, según el informe de la Agenda Ambiental de Montevideo. Al día de hoy se recicla muy poca basura. La Intendencia no maneja cifras porque lo que reciclan los hurgadores va por canales informales. Lo que hacen los hurgadores es vender cartón, papel y plástico a las empresas formales dedicadas a fabricar productos reciclados. Sólo en la Asociación de Recicladores de Plástico del Uruguay, que nuclea a 21 empresas, se reciclan 600 toneladas de plástico por mes, del que se tira a la basura. Existen varias iniciativas muy interesantes, como por ejemplo la de Repapel (repapel
Es una Organización No Gubernamental (ONG) que, desde el año 1999, recicla el papel que tiran grandes empresas, a las que les interesa colaborar. Esta ONG se encarga de pasar a buscar la basura de estos colaboradores, clasifica el material y vende papel a empresas recicladoras. Con la plata que saca, compra útiles de papel reciclado a los niños de 50 escuelas de contexto crítico.
El año pasado la empresa recicló 230.000 kilos de papel. Por mes, 20 toneladas. Así, el año pasado distribuyeron 30.500 rollos de papel higiénico, 5.000 cartulinas, 2.000 blocks y 500 resmas de 500 hojas cada una tamaño A4. Todos materiales fabricados de papel 100% reciclado.
A las escuelas que participan lo único que se les pide es que cumplan con el rol de educar a los niños en la cultura del reciclaje. Y se les pide a ellos que también recuperen papel en su casa y en el barrio y lo acerquen a la escuela.
"Hay tres grandes actores en el proyecto Repapel. Por un lado, están las empresas que clasifican su papel y lo donan a Repapel. Repapel hace la gestión de venderlo y, con ese dinero, compra útiles de papel reciclado que le entrega a las escuelas participantes a fin de año. A esa escuelas, Repapel les da talleres de reciclaje artesanal y del ciclo del papel. La escuela también junta papel y eso hace que el niño vea el ciclo del papel terminado. Lo junta, lo clasifica, lo entrega a Repapel y luego recibe el resultado tangible. En lugar de terminar en el tacho de la basura, se lo procesa y vuelve a ser útil", explicó Lucía Beloqui, encargada de Comunicación de Repapel.
Repapel no sólo les da los materiales sino que, como contra parte, les pide a las escuelas que trabajan sobre la cultura del reciclaje con los chiquilines. "Cada una de las escuelas que está incorporada al programa de Repapel tiene que trabajar toda la parte educativa sobre el medio ambiente. Y, en la práctica, tienen que juntar papel. A cada alumno se le pide, no sólo que junte papel en su casa, sino en el barrio, en los comercios cercanos. Lo tienen que clasificar y cuando llegan a un volumen considerable, Repapel lo pasa a buscar. La escuela que más junta recibe un premio como forma de incentivo, para estimular en la práctica la cultura del reciclaje", señala Beloqui.
Para las empresas interesadas en colaborar, Beloqui cuenta como es el sistema. "Repapel le brinda a cada empresa, gratis, unos buzones come papel y unas bandejas de escritorio, todo de cartón. Eso para facilitar la clasificación. Lo importante es que la empresa tenga algún lugar físico una capacidad para albergar 300 kilos de basura -unas 40 bolsas-. Porque el flete es un costo importante para nosotros y, por menos, nos sale más caro pasarlo a buscar que lo que sacamos por ese papel", explicó.
La basura da trabajo. Y ya hay iniciativas que demuestran que los hurgadores pueden convertirse en empresarios.
La ONG San Vicente, la que fuera la obra del Padre Cacho, fue la impulsora de "Reciclar esperanzas". Ésta trabajaba con hurgadores con el objetivo de que crearan emprendimientos. Les daban capacitación, asistencia técnica y créditos. Los hurgadores que se anotaron tuvieron, incluso, un curso que les dio el Centro Latinoamericano de Economía Humana (Claeh) sobre gestión empresarial.
Al principio funcionaban con un financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Pero hoy se autosustentan con la devolución de los préstamos que les dieron a los hurgadores y que hoy tienen su propia empresa.
Hay varios proyectos de hurgadores. De los 300 clasificadores que pasaron por la organización San Vicente, 60 trabajan en proyectos propios. Un grupo creó un proyecto que hoy se encarga de la gestión de residuos de Conaprole. A su vez, venden el material reciclable que encuentran en la basura de Conaprole (cartón, plástico, nylon) y se lo venden a empresas de reciclaje.
Hay otro grupo que se dedica al reciclaje de chatarra electrónica, computadoras o electrodomésticos. Esteban Charbonier, integrante de la ONG San Vicente, explicó en qué consiste este programa de reciclaje.
"Es una sociedad de hecho que se dedica a vender reciclables en el área de la chatarra electrónica. Hablando mal y pronto, actualmente es la única solución medianamente razonable para tirar chatarra electrónica es un grupo de clasificadores que trabaja acá. Ellos básicamente desarman las máquinas y los electrodomésticos, le sacan y venden todo lo que se pueda reciclar, metal, circuitos y todas esa cosas que se exportan. Y el resto, tratar de disponerlo de la mejor forma teniendo en cuenta el cuidado del medio ambiente. De hecho, trabajan directamente con el Laboratorio de Higiene de la Intendencia, para hacerlo de la mejor forma posible", comentó.
Charbonier cuenta que el cambio de vida para estos clasificadores fue increíble. "Pasar del día a día a un trabajo formal, que no depende tanto de un patrón que contrata o deja de contratar sino de la calidad del servicio que uno brinde, ahí hay una diferencia enorme que ellos viven en la práctica. Les cambia la forma de vivir".
La basura también puede servir como fertilizante. La propia Intendencia usa residuos orgánicos para producir compost. El compost o mantillo se puede definir como el resultado de un proceso de humidificación de la materia orgánica. El compost es un nutriente para el suelo que mejora la estructura, es abono.
La IMM tiene una chacra en Toledo en la que trata la basura orgánica para convertirla en abono que se usa en las áreas verdes de Montevideo, es decir, para abonar los parques y las plazas y también para los viveros de la Intendencia. A la Planta Municipal de Tratamiento de Residuos Orgánicos llegan los residuos del Mercado Modelo, los del barrido de parques y poda y los residuos orgánicos de algunas industrias. Según datos de la Agenda Ambiental de Montevideo, reciben 12.000 toneladas de residuos por año y producen 7.500 toneladas de compost. La apuesta es a más.
A futuro, piensan comercializar Compost. "Por el momento no es demasiado volumen pero dentro del Plan Director de Residuos Sólidos una de las directivas es ampliar en un 50% el compostaje. En la última Exposición Rural del Prado teníamos un stand para que los productores ya se familiarizaran con el producto porque la idea es salir al mercado", señaló Alejandra Ostria, directora de Desarrollo Ambiental de la IMM.
La Intendencia de Montevideo puso en marcha el programa "Montevideo Recicla". En la presentación de este programa la intendencia explica que se busca promover "la revalorización y reutilización de la fracción aprovechable de los residuos domiciliarios".
Muchos se deben preguntar qué pasó con los otros planes de reciclaje de la Intendencia, por ejemplo, los contenedores especiales para plástico y vidrio. Los de plástico siguen existiendo pero cada vez hay menos y nadie les hace publicidad.
Desde el Departamento de Desarrollo Ambiental, la directora Alejandra Ostria explicó que desde que los hurgadores entraron en el negocio de la venta de plástico, los contenedores fueron víctimas permanentes de vandalismo.
Y, en cuanto al vidrio, el tema es que al cerrar Cristalerías del Uruguay no quedó una fábrica que produzca vidrio. Por lo tanto, no hay donde recuperarlos. Ahora, con la consolidación de la Cooperativa de Cristalerías del Uruguay que se va a instalar en el predio del PTI, en el Cerro, se piensa volver a reciclar vidrios. Este es otro de los proyectos que está financiando el gobierno de Venezuela. Hace pocos días se inauguró el pozo del horno de esta cooperativa.
La bolsa naranja es el símbolo más claro del nuevo programa de reciclaje. La Intendencia espera poder reciclar entre un 5% o 10% de las 1.400 toneladas de residuos que llegan desde los hogares a la usina de Felipe Cardozo, según dijo Ostria. Esto en una primera etapa, a futuro esperan poder llegar a un 20%.
Pero se estima que el 40% de la basura es reciclable. Por eso, cuatro de cada 10 bolsas que se entreguen, de ahora en más, en el supermercado tienen que ser naranjas.
En la bolsa naranja van los residuos secos. La Intendencia promueve que en cada casa se instalen dos recipientes de basura. En el de la bolsa naranja van papeles y cartones, envases, telas y bolsas de nylon.
Los restos de comida, papeles sucios, latas de aerosoles, residuos del baño y pañales van en otras bolsas.
La bolsa naranja hay que llevarla a uno de los 46 centros de acopio que hay en Montevideo (http://www.montevideo.gub.uy/ambiente) o, en su defecto, se puede dejar en el contenedor.
La idea es que los hurgadores no rompan más las bolsas en la calle sino que todo el material reciclable, todas las bolsas naranjas, lleguen a los ecopuntos o puntos verdes, lugares que ya existen, en los que hasta ahora la Intendencia llevaba todo tipo de basura para que los hurgadores trabajaran en un lugar fijo y a los que ahora sólo se van a llevar las bolsas naranjas.
"Este plan no sólo tiene como objetivo mejorar las condiciones de trabajo de los hurgadores. El objetivo también es aumentar la cantidad de basura que reciclamos. Lo que se busca con esto es que sea mayor la cantidad de basura que se puede reciclar, porque si uno tira todo en la misma bolsa, el papel o el plástico se ensucia y ya no se puede reciclar porque las empresa recicladoras no lo compran", indicó Ostria.
Muchos quedaron un poco perplejos al ver las instrucciones de la Intendencia. Sobre todo, en lo que tiene que ver con el papel. En el folleto se lee: "papeles y cartones sólo secos, pueden ir cortados pero no arrugados, en lo posible en un atado".
Eso no es tan estricto. Es necesario que todo lo que se deposite en la bolsa naranja esté seco y limpio. Y lo que explican desde Desarrollo Ambiental es que si se mejora la calidad, más material se va a poder reciclar. Es mejor papel sin arrugas, pero el arrugado también vale.
"Cuando menos desgaste tienen, más valor tienen. Y tiene más valor un papel blanco que uno de diario, uno que esté entero que uno que esté arrugado. Pero siempre vale el esfuerzo del ciudadano al reciclar. En torno a lo seco sí, porque el papel pierde valor con el grado de humedad. Por eso convocamos a que el residuo esté seco, que las botellas de plástico se vacíen del todo antes de tirarlas", comentó Ostria.
Cuando se reglamente la ley de envases, que obliga a las empresas que venden sus productos en envases no retornables a hacerse cargo del costo económico del reciclaje de esos envases, se les va a pagar un sueldo a los hurgadores por el trabajo de clasificación y se los va a integrar al trabajo formal.
Pero en esta primera instancia lo que busca la IMM es que las personas separen en casa, que las bolsas naranja lleguen a los puntos verdes que hay en Montevideo para que lleguen a trabajar los hurgadores. Es decir, todavía no se formalizó el trabajo de los hurgadores.
A futuro, la idea es pagarle un sueldo al clasificador y que haya más cantidad de lugares donde tirar las bolsas naranja. Incluso, no se descarta que los hurgadores pasen puerta por puerta a retirar la basura.