El Uruguay con canas
Se dice que Uruguay es un "país de viejos" y es cierto: el 17% de la población tiene 60 años o más, mientras que en Argentina ese porcentaje alcanza el 10%, en Brasil el 6% y en Paraguay el 4%. Pero ¿cómo viven los abuelos uruguayos? ¿a qué dedican su tiempo libre? Y mirando más acá: ¿cómo se preparan los "jóvenes" para envejecer?
Uruguay es un país con una población envejecida y cada vez lo será más. La tendencia va en alza y las cifras lo demuestran. Según un estudio financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo, impulsado por la Organización Panamericana de la Salud y el MSP, en 1995 en Uruguay cada 100 jóvenes había 50 ancianos, mientras que en 2025, por cada 100 personas jóvenes habrá 93 de edad avanzada, casi el doble. Este informe trata sobre el envejecimiento en siete países de Latinoamérica, incluyendo a Uruguay, y las conclusiones están publicadas en el libro "Más vale por viejo", editado en 2002. Pero el envejecimiento de la población no es sólo un fenómeno uruguayo, sino que una tendencia a nivel mundial. Según un informe de Naciones Unidas, la población mundial de personas mayores de 60 años crece con una velocidad increíble: se calcula que para 2050 los mayores de 60 se triplicarán en el mundo y llegarán a los 2.000 millones de personas. En este contexto, bien vale preguntarse ¿cómo viven los abuelos uruguayos? El estudio de la Organización Panamericana de la Salud, el BID y el Ministerio de Salud Pública, arrojó cifras sobre nuestros ancianos que funcionan como una radiografía, que permite "ver" a los abuelos y saber cómo viven. En Uruguay los mayores de 60 son el 17% de la población, o sea unas 500.000 personas. La esperanza de vida para las mujeres es de 78 años, mientras que para los hombres es de 75 años. Sólo el 15% de los mayores de 60 años trabaja en Uruguay. Sin embargo, los geriatras insisten en la importancia de preparar una actividad para esa etapa de la vida, en lugar de pasar de la actividad total, a la inactividad absoluta. Ana Charamello, psicóloga, master en geriatría social en la Universidad Autónoma de Madrid e integrante de la Cátedra de Geriatría de la Facultad de Medicina, explicó este punto: "La gran mayoría de la gente que se jubila, no está preparada para jubilarse. Hoy encontrás gente a los 50 años contando los años para jubilarse, sin ningún proyecto para después. Pasan a la nada más absoluta, las 24 horas del día sin hacer nada, mirando televisión o haciendo mandados. Eso también es fuente de conflicto matrimoniales y familiares. Una de las formas de prevenirlo es promover un envejecimiento activo y para eso tenemos que promover a nuestros viejos para la jubilación". Los ancianos uruguayos suelen dedicar su tiempo ocioso principalmente a actividades sedentarias como mirar televisión la seguidilla de novelas de la tarde es un clásico- o escuchar radio y hacer alguna tarea doméstica. Pese a que disponen de mucho tiempo libre, el 90% de los ancianos uruguayos no asiste a eventos culturales como el cine, el teatro o conciertos. Algunas cifras que dicen mucho del ocio de los ancianos: Pese a que está demostrado que el riesgo de sufrir demencia aumenta cuanto más alto es el aislamiento de la persona, sólo el 10% de los adultos mayores uruguayos participa en asociaciones y en actividades culturales (clubes, lugares de encuentro). ¿Por qué los ancianos uruguayos no salen? "Uno de los factores más importantes de la no socialización es lo económico. Las limitaciones económicas en cuanto a poder desplazarse de un lugar a otro. Muy pocos saben que la Intendencia da un carné a los jubilados con beneficios para el transporte. Lo económico es el puntal", explicó Charamelo. Trabajar toda la vida para llegar a la vejez pobres, le pasa a muchos uruguayos y quienes trabajan con ancianos repiten esto una y otra vez. Es que la falta de dinero es un freno para que los abuelos salgan, se recreen y eso repercute en la autoestima de las personas mayores. Las cifras hablan por sí solas: el 57% de los ancianos uruguayos percibe ingresos insuficientes y el 50% de los encuestados en este estudio financiado por el BID come menos de tres comidas diarias, debido a la falta de recursos. Pero más allá de lo económico, hay otros factores que inciden en que los ancianos no se vinculen y es que muchas veces toman sus "nanas" como propias de la edad, en lugar de ir a consultar y tratar esa dolencia. Por ejemplo, si bien alrededor del 70% de los abuelos uruguayos tiene algún grado de sordera no corregida, sólo el 4% utiliza audífonos. Otro ejemplo: unas 40.000 personas en Uruguay mayores de 65 sufren Alzheimer, lo que representa un 4% de esta población. Sin embargo, el geriatra grado 5 de la Facultad de Medicina, Álvaro Pintos, explicó que en Uruguay no están diagnosticadas "ni el 10% de las personas que sufren demencia", porque se lo toman como algo propio de la edad y no como una enfermedad tratable. Pintos se refirió a la enorme importancia que tiene salir, verse con amigos, y contó cuáles son las tres principales protecciones o escudos que tenemos los seres humanos para prevenir enfermedades de deterioro cognitivo: "Lo que está demostrado en cuanto a protección del deterioro cognitivo, es que la socialización protege. Los que están aislados socialmente tienen prevalencia muy superior de deterioro cognitivo, o sea que la actividad social es un factor protector mental. El segundo factor es el ejercicio. Las personas que hacen ejercicio físico tienen menor incidencia de deterioro cognitivo y el tercero es la educación. La persona que mantiene el cerebro activo en etapas mayores de la vida tiene menor incidencia de problemas mentales". Entre los factores que nombró Pintos estaba el ejercicio. ¿Y cuánto ejercicio hacen nuestros ancianos? Según cifras del estudio citado, el 43% realiza ejercicio físico moderado (por ejemplo, caminar). Y más de la mitad no realiza ejercicio cuando está demostrado que el ejercicio físico es el pilar de un envejecimiento exitoso. La doctora María Cristina Muguerza, presidenta de la Sociedad Uruguaya de Geriatría, insiste sobre este punto: "La actividad física repercute en actividad intelectual. Presentan menor grado de deterioro aquellas personas que tienen actividad físicas, aumenta la capacidad respiratoria, se mejora la capacidad cardiovascular y se previene el deterioro intelectual". Según explicó la psicóloga especializada en la tercera edad Ana Charamello, todo esto es fundamental para evitar la depresión. Como pasa con tantos aspectos de la vida, una cosa lleva a la otra. Entonces el abuelo que no sale, no se vincula con otros, que está solo y sedentario en su casa el día entero frente a un televisor, se enfrasca en un circuito negativo que muchas veces termina en esta enfermedad. Pese a que todos los especialistas insisten en la importancia de la socialización, ya que la soledad es un mal que sufren muchos ancianos. Charamello opinó sobre este punto: "Lo otro es la gran soledad en que vive un alto porcentaje de nuestros viejos. De cierta forma los abandonan, porque tienen que hacer, trabajar, porque no hay tiempo, la familia continentadora se ha ido perdiendo en nuestro país". Por su parte, Muguerza señaló: "La soledad y aislamiento es una causa de depresión y de disminución de defensas. Entonces aumentan también los problemas de salud". Juan Sparkov es el director de la casa de salud La Casona. A través de su trabajo, Sparkov tiene trato cotidiano con ancianos y conoce bien la relación que mantienen con sus familiares. "Un alto porcentaje de la familia, un 60 o 70% frecuenta la casa una vez por semana, después cada 15 días, después cada un mes y después sólo los días de pago. Pagan y se van. Después está el otro extremo, que nunca se separan de la madre o el padre, y están todos los días con un horario ritual acompañándolos, tomando mate, conversando, ayudándolos a ir al baño, pero esto es uno cada 20 por ejemplo", contó. Y agregó que en los ancianos "hay mucho sufrimiento interno, tendencia a la depresión. Se les nota con la mirada perdida, tendencia al llanto, cuando se le toca el tema de la familia. Insisten mucho en llamarlos, pedirles que vengan. Se cumple con esa función, pero hay gente que directamente tira la toallita". ¿Ahora, cuánta "culpa" tienen los ancianos de este abandono? Sparkov habló sobre cómo lo sienten muchos familiares. "Hay muchos que dicen que esto se lo merece porque fue así o asá durante toda su vida y que por eso no vienen. Esto lo sembró el anciano durante su vida, y lo cosecha en este momento", señaló. Esta es la peor cara de la soledad, porque además generalmente los ancianos que están en casas de salud no se valen por sí mismos y presentan varias patologías. Pero existen también experiencias más positivas de "soledad". Por ejemplo, el caso de Violeta, una anciana de 90 años que vive sola, en su casa de Ciudad Vieja, se maneja con total independencia y vive sus días así: "En casa leo mucho, escucho música y saco palabras cruzadas. Camino todos los días media hora. Y como no me gusta salir, camino en mi casa entre los muebles. Por lo visto me surtió efecto, por eso estoy como estoy". El 20% de los ancianos uruguayos vive solo y la mayoría son mujeres. El 18% de las mujeres mayores de 75 años vive sola, mientras que en los hombres sólo el 4% vive solo. En esto inciden varios factores. Por un lado, que los hombres viven menos y los que están solos vuelven a formar pareja, mientras que las mujeres tienden a quedarse solas. Además, en esta etapa de la vida es cuando se mueren los amigos, la pareja, los familiares y cómo es posible seguir con todo eso a cuestas, sumando que la muerte pasa a ser algo cercano y cada vez más concreto. Consultada sobre cómo influyen en una persona de 70, 80 años las pérdidas afectivas, la psicóloga Ana Charamello señaló: "La vejez genera mecanismos que hacen afrontar las pérdidas con cierta resignación. Los duelos son más cortos que a otras edades, si pierde su amigo de 80 años se acepta más fácil que si tuviera 30 o 20. La naturaleza en eso es sabia. Es igual a la actitud frente a la muerte. Claro, a los 30 o 40 años tenemos un montón de proyectos para realizar y la muerte nos angustia. Pero al adulto mayor que vivió su vida plenamente, el acercarse a la muerte no le provoca angustia. Para aquella persona que consiguió sus metas, llegar a la muerte no implica angustia. Pero sí para quien tiene cosas sin cerrar, conflictos no resueltos, vínculos rotos. Cuántos padres están separados de sus hijos y nunca más se perdonaron? Esas cuentas pendientes son las que no dejan morir en paz a las personas". Ofertas interesantes para los ancianos. En Uruguay existen una serie de ofertas muchas de ellas gratuitas- para los ancianos. Por ejemplo, en los Centros Comunales Zonales, en la Intendencia de Montevideo (2do piso sector Santiago de Chile, teléfonos 1950 interno 1667 y 1940), en el Centro Interinstitucional de Colaboración con el Adulto Mayor (Cicam) que dicta 42 cursos y talleres. También hay una propuesta muy exitosa que les propone a los ancianos formarse, llamada UNI3, la Universidad de la Tercera Edad. Esta es una asociación civil sin fines de lucro, que está reconocida por la Facultad de Humanidades y cuenta con el auspicio de la ONU. Esta universidad está presente en los 19 departamentos del país, en donde se dictan 72 talleres y a donde asisten más de 11.500 alumnos. Se fundó en Uruguay en 1983 y luego, a partir de esta iniciativa, se formó la red latinoamericana de UNI3. El promedio de edad de los alumnos es de 70 años. Hay clases de historia, ciencia, literatura, antropología, danza, canto, filosofía, y un largo etcétera. Las clases están dictadas por profesores honorarios y la cuota social cuesta 150 pesos por mes. Elida Rodríguez es alumna de la UNI 3 desde hace 20 años. Hoy tiene 95 años, vive con su hijo y sus cinco nietas. El año pasado, en agosto, se fue sola a Holanda, a visitar a su hija y festejó su cumpleaños con sus nietos. "Soy sana. Tengo algún diente que me duele, pero en fin. Como bien, no como mucha carne, como fruta. Me gusta el vino, el whisky y también tomo si puedo. Me gusta la gente, las fiestas, caminar. Me gusta el cine. Todo eso hago. Me arreglo el cuarto, me lavo la ropita chica. Escribo, leo y vengo a acá a la UNI3 todos los días. Acá he conocido mucha gente. Después de clase nos vamos a tomar un café, y conversamos de cualquier cosa", contó. Y agregó: "el que llega a esta edad con lucidez no sabe el precio que tiene. A esta altura uno no le tiene miedo a la muerte, la espero en cualquier momento. Sueño con encontrarme con mi madre, que murió de 101 años y con mi esposo. Qué felicidad ese trío hermoso. No soy creyente, pero el alma no se pierde y el espíritu tampoco. Fui muy feliz, y soy feliz ahora, por haber sido tan feliz".