Hay hombres que creen que su masculinidad se ejerce a los golpes. Pero algunos tratan de redescubrir su masculinidad modificando ese comportamiento violento y dejar de ser golpeadores. Un aspecto alen

Ser más hombres

Hay hombres que creen que su masculinidad se ejerce a los golpes. Entre ellos, hay quienes tratan de redescubrir su masculinidad modificando su comportamiento violento. Son hombres que –ayuda mediante- quieren dejar de ser golpeadores. Un aspecto alentador de la violencia doméstica, que sigue bajo un manto de silencio, ayudado por una sociedad que aún no se quitó los vestigios del machismo y que tampoco da las soluciones necesarias.


"La violencia doméstica es una forma de violencia, que se puede expresar como una dominación o como la negación del otro".
J.J.Vique (magister en trabajo social, especializado en género y violencia doméstica)

"Uno mismo lo puede ver eso, tomando conciencia que lo que está haciendo, lo está haciendo mal, nos ayudamos nosotros mismos. Pero si no ponemos fuerza de voluntad es imposible salir".
Paulo
(ejerció violencia doméstica)

"En este mismo momento puede haber mucha gente practicando distintos niveles de violencia y tal vez puede no estar enterada de que lo está haciendo".
Nicolás (ejerció violencia doméstica)


Vique define a la violencia doméstica como "una forma de dominación que se relacionada con la socialización de los varones y las mujeres", en una sociedad que aún define como "machista y patriarcal". Esta sería la causa principal de la violencia doméstica, aunque influyen muchos otros factores, como por ejemplo la educación.

Un varón que ejerce violencia doméstica no es necesariamente golpeador y lo veremos más adelante.

Desde el 1º de abril, Vique trabaja solo a nivel particular, pero desde 1996 se desempeñaba en la Secretaría de la Mujer de la Intendencia de Montevideo. Desde entonces trabajó con unos 40 varones al año. Uno de ellos es Paulo, de 24 años, que contó: "La primer pareja que tuve fue con la que empecé a aplicar la violencia doméstica, a los 20 años. Empecé siendo celoso de ella, de la ropa que usaba o para donde iba. Ella era muy atractiva y me daba celos, me daba manija solo. Además, ella trabajaba en una fábrica donde había muchos hombres, todo me daba celos. Pero después de la violencia siempre había una 'luna de miel' y yo le pedía perdón. El problema era que ella siempre me perdonaba".

Paulo ejerció violencia doméstica contra su mujer durante tres años y medio; las agresiones físicas recién llegaron en el último año y medio. Consultado sobre la posible razón de esta actitud, dijo que nunca vio episodios de violencia doméstica en su casa materna y que él no era agresivo fuera del que era su ámbito privado en aquel momento.

Otro de los hombres a los que atendió Vique es Nicolás, de 30 años, quien contó algo de su pasado y su presente: "Llegué a agarrarla fuerte de las muñecas y a darle una patada a un cuadro que yo mismo estuve toda una noche trabajando para regalarle en su cumpleaños. El varón violento puede ser cariñoso, puede ser una pareja muy linda, pero tiene ese problema y deja de serlo. Ahí había un objeto de amor, como ese cuadrito, pero el lado complicado mío lo rompió. Yo puedo ahora, en una futura relación, tener en cuenta a esa persona. De hecho, tuve otra pareja después y en una noche, conversando, me dijo que se sentía muy respetada. Y cuando me dijo eso me emocioné mucho, todavía me emociona un poco".

El asistente social Vique recalcó que la violencia doméstica va aumentando su dominación; no comienza con el maltrato físico e incluso a veces no llega a esa etapa. Como el caso de Nicolás, que aferró a su ex mujer de las muñecas y le rompió un cuadrito. Eso no fue un golpe, pero también es violencia doméstica. Como es un proceso gradual, ni la víctima o el victimario se suelen dar cuenta.

Educación, socialización... son muchos los factores que llevan a un hombre a tener una conducta violenta en su ámbito privado, siempre que no hablemos de una patología. Vique señaló que esto puede dejar de existir "en la medida que la sociedad deje de ser machista y patriarcal", pero como esto es muy difícil, hace falta que estos hombres tengan un proceso de "desaprendizaje" de su socialización. Y para esto es necesario un enfoque multidisciplinario, en el que son los implicados tienen que poner mucho de sí mismos.

El varón debe recuperar el lugar de masculinidad sin necesidad de imponerse por la violencia física y mental. Los testimonios de Paulo y Nicolás son jóvenes, y es que a diferencia de otros tiempos, los hombres de hoy suelen pedir ayuda. Y cuando eso pasa, son derivados a trabajar con Vique o en otros institutos -como Renacer- a veces por sus parejas, por la Policía, por la Justicia o por psicólogos. Casi siempre por mujeres.

"Mi esposa, de la que me estoy divorciando, fue la que me contactó con Juan José Vique, porque a una amiga de ella le pasaba lo mismo. De a poco fui saliendo y hoy soy el Paulo que quiero, el de antes, sin agresión, cariñoso... La persona que es violenta puede salir adelante, con la ayuda de alguien especializado pero más que nada con su propia voluntad", contó Paulo.

Hay que despejar algunos mitos: un hombre no disfruta siendo violento. El proceso de la violencia doméstica es cíclico y siempre se repite. Primero hay una acumulación de tensión, luego se da el episodio violento, y finalmente hay una "luna de miel". Esto cada vez se da con mayor frecuencia. Pero no hay que confundirse, la verdadera víctima de la violencia doméstica es la mujer -en el 90% de los casos- y nada que realice una persona justifica la violencia doméstica.

Paulo vivía pidiéndole perdón a su ex pareja. En el caso de Nicolás, luego que "desaprendió", no le pidió disculpas a la mujer a la que hizo sufrir, sino que le dijo que lo lamentaba.

"No le pedí perdón, le dije que lamentaba mucho lo que había pasado. No es lo mismo: yo me hacía cargo de lo que hice mal. Si le pedía perdón, le trasladaba el trabajo de tener que perdonarme. Una cosa 'buena' que me pasó es que ella me dejó, de alguna manera puso límites, estaba corriéndose del lugar en que estaba. Más allá de que los varones pidan ayuda, está bueno que las mujeres puedan poner un límite", afirmó Nicolás.


"Era conciente e inconciente a la vez, era como un flash que salía de mí y me descontrolaba".
Paulo

"Nada que realice una persona, aún equivocadamente, justifica la violencia doméstica".
J.J. Vique

"Podés tener cierto nivel de conciencia, pero hay un 'aprendizaje' que sostiene eso (la violencia). Aparentemente se justifica como algo que está más o menos dentro de lo normal".
Nicolás


Límites, causas y cifras. Que una mujer no pueda poner límites tiene muchas causas: miedo a las represalias, no tener otro lugar a donde ir, terminar justificando la violencia, en casos por baja autoestima, no dejar a sus hijos sin padre o porque creen que todo cambiará.

Aunque es casi imposible que esa situación cambie, sí es casi un hecho que empeore. Que una mujer muere cada nueve días en Uruguay debido a la violencia doméstica, es un dato conocido, pero esta cifra no incluye las mujeres que se suicidan o se automedican por esta causa. En muchos de los casos de muerte, ya se había realizado la denuncia.

Robert Parrado, director del Centro de Rehabilitación y Asistencia al Varón en Crisis (Renacer), dijo que la casuística señala que cuando hay una denuncia ya pasaron entre 10 y 12 años de maltrato psíquico, físico, sexual o patrimonial, o todos ellos juntos.

En el informe de Asuntos Pendientes realizado por el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, decíamos que el Servicio Nacional de Mujeres en Situación de Violencia recibe unas 6.000 llamadas al año, cifra que no contabilizaba las denuncias recibidas en el Ministerio del Interior. De allí surge que en todo el año pasado se recibieron 7.145 y en 2005 fueron 6.853 en todo el país. Fue un aumento del 4,3%.

Según la psicóloga social Mabel Simois, directora de la Casa de la Mujer de la Unión, se estima que las denuncias representan el 10% de lo que ocurre en la realidad, por lo que descree mucho de los datos estadísticos. A ese centro llegan cuatro mujeres por día, derivadas de la Policía o los juzgados, y casi un 80% llega por recomendación de otra mujer que sufre el mismo problema.

La violencia doméstica también incluye burlas, insultos, gritos, culpas por todos los problemas familiares, acusaciones, aislamiento y la instalación de un ambiente de miedo en el hogar. Estos son algunos elementos compilados por la ONG argentina Instituto Social y Político de la Mujer.

Según Vique, al menos en un 60% de las familias se expresa alguna forma de violencia doméstica, algo de lo cual aún no hay cifras oficiales, ya que no hay un registro a nivel nacional. Sin embargo, algo está cambiando. "Una de las características que está cambiando en la socialización de la masculinidad, es que los varones están pudiendo pedir ayuda. El perfil de varones que estoy atendiendo es cada vez más joven y eso es un buen pronóstico. Porque en una pareja que lleva 30 años de violencia doméstica, el 'desaprendizaje' es más difícil de hacer que en una pareja que se constituyó hace menos tiempo", explicó.

Por el centro Renacer han pasado desde 1994 unos 1.500 varones pidiendo ayuda para cambiar su manera de socializarse desde su perspectiva de género, muchos de ellos derivados o por sus propios medios.

"El hecho de ser varón nos da una impronta de pasar del pensamiento al acto. Han salido muchos adelante en la medida que se armonizan, hay quienes siguen con su pareja y otros que tienen una nueva, y están aquellos que hacen procesos de crecimiento personal para establecer un vínculo diferente a futuro", explicó Robert Parrado, director del centro.

Si bien un hombre puede salir de la violencia, salvar la pareja es otra historia. En los casos de Paulo y Nicolás, si bien ya tienen una nueva perspectiva, no siguen con las parejas en las que "explotó" su problema.

¿A dónde acudir? Todas las personas consultadas señalaron que Uruguay tiene enormes carencias para tratar este tipo de situaciones. Una prueba es que una gran cantidad de las mujeres que mueren por la violencia doméstica ya habían hecho la denuncia. O sea, el problema era conocido, pero no se pudo evitar.

"Somos un país chico y patriarcal, donde todos nos conocemos. A nadie le ponen un policía en la puerta y cuando un hombre está determinado a matar a una mujer es muy difícil. Nosotros trabajamos con la red social más cercana a la mujer (familia, vecinos, amigos) y formar un escenario de protección allí, porque ella sola no puede defenderse. ¿Por qué? Porque le cree al hombre, le abre la puerta, supone que viene a hablar... y la mató. Es muy difícil que una pareja con episodios de violencia doméstica se recupere. Los canadienses, que hace 40 años que vienen trabajando en este tema, hablan de un 6% de recuperación", explicó Mabel Simois, directora de la Casa de la Mujer en la Unión.

La Casa de la Mujer trabaja con la otra parte, las que suelen ser las víctimas en un porcentaje superior al 90%. Por ejemplo, Vique recordó que en sus más de 10 años trabajando en problemas de género en la IMM, solo cinco fueron receptores de la violencia (recibía 40 por año). En ese sentido influye otro factor, que es la vergüenza que sienten los hombres por pedir ayuda. Otra muestra de la impronta machista y patriarcal que existe en la sociedad.

Simois hablaba también de una cobertura insuficiente a nivel estatal. De hecho, si es poca la cobertura para las mujeres, es mucho menor para los hombres que quieren rehabilitarse. Lugares como Renacer -uno de los pocos o tal vez el único de la sociedad civil- o la Secretaría de la Mujer de la Intendencia de Montevideo, son las escasas alternativas si uno precisa la imprescindible ayuda.

La Ley de Violencia Doméstica en Uruguay existe desde 2002. Juan José Vique preparó su tesis de maestría, titulada "Manto de Silencio en la Comunidad de Varones", leyendo, entre otras cosas, las actas durante la discusión de esta ley. Y fue bien llamativo lo que encontró. "Hubo un momento en que por la Comisión de Equidad y Género de Diputados concurrieron diputadas mujeres de todos los partidos a la Comisión de Legislación del Senado a explicar la ley. Y el destrato verbal que sufrieron de sus colegas varones, la expresión de patriarcado que emitieron fue total. Esa también es una forma de violencia doméstica indirecta y es la expresión de una sociedad que calla", afirmó.


"Después que se instala en la familia una forma violenta, a veces el hombre se va y uno de los hijos empieza a ocupar ese lugar, porque hay un aprendizaje de cómo nos vinculamos y tratamos. Es algo muy difícil, por eso hay que trabajar con toda la familia".
M. Simois


Bipolaridad. En el tratamiento de la problemática de la violencia doméstica se presenta muchas veces se presenta a los hombres golpeadores como "malos" y como buenos a los que no lo son. Esto se denomina "bipolaridad", según Vique.

El asistente social dijo que en esto se debe trabajar en forma separada con hombres y mujeres, porque en un espacio terapéutico se tendrían que reunir iguales, y en una pareja que sufre la violencia doméstica, eso no se da. El varón, entonces, debe recuperar su lugar de masculinidad sin necesidad de imponerse y la mujer debe recuperar su autoestima.

DESPEJANDO MITOS

MITO
REALIDAD
"Los hombres golpeadores pertenecen a los niveles socioeconómicos más bajos". Esto sucede en todas las clases sociales. De hecho, en el Centro de Asistencia al Varón en Crisis, el 20% tienen estudios terciados y universitarios terminados.
"El matrimonio es un ámbito privado y lo que suceda dentro de una relación empieza y termina allí". La violencia es un crimen, siempre. La libertad de vivir sin violencia es un derecho humano básico.
"A la mujer le gusta que le peguen, sino dejaría a su marido". Hay varios factores que lo impiden: dependen económicamente de su marido, sienten miedo a represalias, tienen baja autoestima, no tienen apoyo del resto de la familia, creen que si se van destruyen la familia, aún aman a su pareja y no desean finalizar la relación, no tienen a donde ir.
"Los hombres golpeadores no pueden controlar su conducta". La gran mayoría de ellos, solo demuestran violencia en el ámbito privado.
"Hay mujeres que se lo merecen, por su conducta. Algo habrá hecho". No hay excusa para la violencia, nadie merece ser golpeado.
"El alcohol o las drogas causan la violencia doméstica". El alcohol y las drogas pueden ser disparadores, pero no la causa. Según datos de Renacer, el 30% de quienes asisten tienen problemas con el alcohol y el 15% con drogas.
(Datos recopilados por la ONG argentina Instituto Social y Político de la Mujer)