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La vida de Fiorella Buzetta, a tres años de la tragedia

El 12 de abril de 2004 una noticia de la crónica policial golpeó a la sociedad uruguaya. En el liceo 13 de Maroñas, un alumno de primer año sacó un arma en el salón de clases y le disparó a su compañera Fiorella Buzetta, de 13 años. La bala se alojó en la médula espinal de la joven, que quedó paralítica. A tres años de la tragedia, Fiorella y su familia evalúan aquel accidente y la nueva situación que se les planteó desde ese momento.

El 12 de abril de 2004 fue el primer lunes después de Semana de Turismo. Fiorella Buzetta había empezado primero de liceo ese año y sus padres decidieron mandarla al liceo 13, de Maroñas, porque era el del barrio y al que había ido su mamá. Le tocó en el grupo 1º 7.

Ese lunes habían tenido dos horas de ciencias físicas y en la primera parte de la clase, una evaluación. Y la mañana empezó con un juego bastante extraño en el salón, un llamado de alerta al que nadie le prestó atención. Marcos Chiappa, otro alumno del 1º7, se acercó a una compañera de clase, le puso un arma en la sien y la amenazó. Nadie le dio importancia porque todos le creyeron a Marcos, que aseguraba que era de juguete y todo parecía un simple juego entre compañeros. De hecho, el supuesto juego siguió, y amenazó a otras dos compañeras, a una más en la sien y a otra en la nuca.

Pero esta no era la primera vez que llevaba el arma al liceo. La semana anterior a Turismo también la llevó. Incluso jugó al policía con Fiorella: "Arriba las manos, Policía", le dijo el viernes antes de la semana de vacaciones, mientras la apuntaba con el revolver. Como supuestamente era de juguete, ella tampoco le dio importancia. De todas formas, cuando la adolescente llegó a su casa le contó a su madre, Mariela, quien todavía se acuerda de aquel cuento, que la dejó espantada. Pero su hija le aseguró, una y otra vez, que se quedara tranquila porque la pistora era de mentira. Incluso, Fiorella pensó que era igual al encendedor que tenía su tío con forma de arma.

Volviendo a la mañana de ese lunes, después de apuntar a las otras compañeras, minutos después de la 9:00, Fiorella hablaba con él, recostada sobre el banco, cuando pasó lo peor. Marcos le disparó a Fiorella con una browning 6.35, una pistola con una potencia parecida a la de un calibre 22.

"Acompañé a una amiga a comprar merienda en la cantina de abajo. Subí y ayudé a una compañera a terminar un dibujo y en eso me acercqué a hablar con él. Yo lo conocía hacía muy poquito, desde que empezaron las clases, lo estaba empezando a conocer. Me acerqué a charlar del escrito que habíamos tenido. Cuando yo me acerqué, él no tenía el arma. No sé de dónde la sacó. Y ahí sólo sentí el disparo; me caí enseguida. Todos mis compañeros se me vinieron encima. Y yo gritaba como loca, que no sentía las piernas", contó la joven.

Mariela, la mamá, recuerda todos los detalles de ese primer momento en el que la fueron a buscar desde el liceo. Hacía días que tenía el lavarropas roto y por eso estaba en el jardín, lavando a mano. Sintió el ladrido de la perra y fue a la puerta. Así empezó la pesadilla.

"Cuando vine y abrí la puerta me di cuenta que había pasado algo con Fiorella, porque conocía a la profesora. Pero no me decían que era lo que había pasado. Le pedí a mi hijo que me acompañara, apenas salí de casa vi que venían todos los chiquilines corriendo y una chiquilina me dijo que le habían pegado un balazo. Ahí se me terminó el mundo. Me llevaron al liceo y estaba todo el mundo afuera, dos ambulancias, periodistas y policías. Subí y mi otra hija me paró, me dijo que me quedara tranquila que a la hermana la estaban atendiendo. En eso la vi, estaba blanca como el papel y se agarraba la barriga. Me dijo que estaba bien pero que no sentía las piernas", relató.

De ahí la llevaron al Pereira Rossell, donde les explicaron que la bala se alojó en la columna. Además, los médicos se dieron cuenta, con una placa, de que tenía perforado el pulmón. Y en la sala de operaciones detectaron que también tenía perforado el bazo y el diafragma.

Hoy, Mariela hoy puede verle el lado positivo a todo esto, aunque en aquel momento, durante cinco días, no supo si su hija iba a sobrevivir. Además, los médicos le explicaron que la bala estuvo a punto de llegarle al corazón. La bala le entró en la médula espinal y corto parte del tejido del sistema nervioso central.

"Fiorella estaba de costado cuando habló con él y él estaba sesgado. Por eso, es una bala que entra girando, pero gracias a Dios, a la altura del corazón la bala bajó y se coló de dorsal 11, 12 y bajó, rompiendo todo lo que había a su paso, hasta de lumbar 3, 4. Es por esto que la lesión de ella es baja, y quedó una lesión para la que no hay nada, quedó parapléjica, perdió esfínteres... Cinco días en el CTI en los que no se sabía si se salvaba o no. Fue lo peor", dijo.

Después de ese incidente, Fiorella nunca más vio a Marcos Chiappa y la familia de Marcos nunca vio a la de Fiorella. Incluso, por televisión, Mariela se enteró que la familia Chiappa quería pedirles perdón, pero prefirieron no ver a la familia de Marcos.

¿Cómo puede llegar un alumno con un arma a un liceo? ¿De dónde sacó el arma? Estas son preguntas que surgen al tratar este tema. Y la respuesta está en su propia casa: Marcos tiene tres hermanos policías y su papá es policía retirado. A la salida del liceo, más de una vez lo habían atacado, incluso con navajas y en más de una oportunidad lo persiguieron y acorralaron. Siempre le decían lo mismo: "eso te pasa por ser hermano de un botón". Eso contaron Marcos y sus familiares al juez de menores Alejandro Guido después del incidente. El chico declaró que él había descargado el arma y que no se dio cuenta que había quedado una bala en la recámara. Su versión es que el disparo se escapó por accidente y que su hermano le dijo que fuera al liceo armado para defenderse a la salida.

Marcos fue internado tres meses, con medidas de seguridad, en un centro del INAU

Por su parte, Secundaria intentó estigmatizar al liceo 13 y así zanjar su responsabilidad. En aquel momento las autoridades dijeron que ese liceo era un liceo de contexto crítico, una zona roja, dando a entender que ese era el motivo de fondo de este accidente. Pero la realidad era otra: ese centro educativo, como todos los del país desde la crisis de 2002, vio como las familias de sus alumnos se empobrecían. Eran alumnos de clase media, media baja o baja pero si uno visitaba el liceo se daba cuenta que no era de contexto crítico.

El problema era, como en muchos otros liceos, la puerta. Los chiquilines del liceo tenían miedo de salir por las banditas que merodeaban la puerta y a muchos de ellos los habían robado, la mochila, el reloj, los championes, e incluso, en más de una oportunidad, amenazándolos con navajas. Y esas denuncias eran vox populi antes del accidente de Fiorella, pero nadie hizo nada. Ese fue el miedo que llevó a Marcos a ir armado.

Secundaria conocía el problema de violencia de la puerta del liceo, nunca atendió este problema. Los alumnos habían juntado firmas en más de una oportunidad para pedir que pusieran vigilancia, por el miedo que tenían.

Según el relato de la mamá de Fiorella, la directora le había pedido ayuda a Secundaria en más de una oportunidad y nunca recibió una respuesta. "La directora del liceo hizo muchas denuncias. No de casos de armas, pero sí de chiquilines que se metían en liceo y amenazaban a profesores, les rompían los autos. Iban con navajas y esperaban a los chiquilines en la puerta. Pero eso no se supo hasta que pasó lo de Fiore. La directora pidió servicio 222 y ANEP nunca le contestó. Me enteré de las denuncias de la directora cuando preparamos el juicio y ella nos entregó los escritos que había mandado a Secundaria en los que pedía ayuda", contó Mariela.

Antes y después en la vida de Fiorella

Ese cambio en la vida de la joven y su familia se vive todos los días. Por ejemplo, cada cinco horas tiene que cambiarse un cateter en la vejiga. Pero hoy Fiorella tiene una actitud, un optimismo y unas ganas de vivir, que reconfortan.

La vida le cambió desde todos los puntos de vista. Por ejemplo, para la familia era imposible sostener el costo del tratamiento: 1.000 pesos sólo de protectores higiénicos, 600 más de los sondas, además de la silocaína, el jabón especial, el algodón y una dieta especial, muy rica en fibras y vegetales. Todo esto, con los 6.000 pesos que ganaba el padre era imposible. Pero también tuvieron que adaptar la casa. A la entrada le tuvieron que sacar los canteros, a la puerta hacerle una rampa y el baño también debió ser adecuado. Sin embargo, Secundaria nunca se acercó a preguntar si necesitaban algo.

La familia Buzzeta, hasta el día de hoy, se queja de la actitud de las autoridades de Secundaria de aquel momento. Pasaron meses para que llegara alguna autoridad de Secundaria a visitarla, pero no se ofrecieron a pagarle ni un paquete de pañales, ni le preguntaron nunca si necesitaba algo.

Al final, la familia presentó una demanda por lucro cesante, daño emergente y daño moral contra la Administración Nacional de Educación Pública. Por esto, ahora la ANEP le da una pensión vitalicia a Fiorella de 20.000 pesos por mes. La mamá de Fiorella cuenta el acuerdo al que llegaron: "A pesar de que en esta casa no existen colores partidarios, le estamos agradecidos a este gobierno. Hicimos una homologación con ellos, donde le compran esta casa a Fiorella, le dan una pensión vitalicia de 20.000 por mes que sólo se la pueden sacar si vuelve a caminar en las mismas condiciones que caminaba antes. Además, el Estado tiene a resguardo tiene 50.000 dólares por si el día de mañana hay una operación para Fiorella. Ellos ponen ese dinero y el resto lo tendría que poder el Fondo Nacional de Recursos".

El abogado de la familia, Daniel Toledo, cuenta que adjuntó en la demanda una gran cantidad de documentos que confirman que desde el Liceo 13 se le había pedido a ANEP que les diera apoyo para conseguir servicio 222. Toledo dice que, poco antes del accidente de Fiorella, las autoridades del liceo prácticamente suplicaban a ANEP para que escuchara este reclamo.

Obviamente la familia Buzetta sufrió cambios. El papá de Fiorella dejó su trabajo anterior, de marino, porque lo obligaba a estar demasiado tiempo afuera de su casa y psicológicamente la familia ya no soporta tanta distancia. Hoy trabaja como taxista.

Finalmente, cuatro meses después del accidente la familia consiguió los 20.000 dólares que le permitieron llevar a Fiorella a un centro de rehabilitación en Buenos Aires. Esto fue gracias a la solidaridad de los uruguayos a través de lo que se recaudó por el 0900, las cuentas del Banco República, el boleto solidario. Ahí se atendió en la Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (Fleni).

Aunque parezcan innecesarias, hay muchas cosas que hay que tener en cuenta y que en la clínica le explicaron a Fiorella. Por ejemplo, en la cocina, el peligro de quemarse sin darse cuenta, ya que no tiene sensibilidad de ningún tipo en las piernas. En Fleni le explicaron hasta cómo tiene que agarrar una asadera cuando la saque del horno.

Allí estuvo dos meses y medio. Empezó el 24 de agosto y terminó el 22 de octubre, de lunes a sábado, todo el día. En Fleni le enseñaron a pararse (aunque no tenga sensibilidad en las pierdas), a usar la silla de ruedas correctamente, pero también a vestirse sola, cocinar, hacer la cama, barrer. Hoy por hoy, Fiorella se hace todo sola.

Después del accidente, el Liceo Francés le dio una beca a Fiorella. Pero no es una beca solo por la cuota, sino que se hacen cargo de su transporte, le adaptaron los laboratorios y la sala de dibujo, para que se sienta cómoda en la silla de ruedas. Incluso, ahora Fiorella planteó la necesidad de hacer algo para combatir la violencia desde su propio liceo, una idea que ya están trabajando en clase. Ella dice que no soportaría que lo que le pasó, le pase a otro. "No es que me sienta en falta. Me dolería si vuelve a pasar. Porque lo que vivo yo no se lo deseo a nadie. Y lo que vive mi familia tampoco", dijo.

Además, ella está preocupada por la preparación para el minusválido que le hace falta a Montevideo. La diferencia entre Buenos Aires y Montevideo es abismal y eso queda claro escuchando a Fiorella y a su madre. Para Mariela eso está relacionado con la guerra de Malvinas. "¿Qué pasa en Argentina? En Argentina tuvieron una guerra. Entonces tienen una cantidad enorme de muchachos discapacitados" y tuvieron que acomodar la ciudad a eso.

Fiorella remarca que las diferencias de la propia fisonomía de la ciudad es diferente. Buenos Aires está mucho más adaptada para las sillas de ruedas. "Para que te hagas una idea de la diferencia con Buenos Aires. Allá en el cine te sacaban la banqueta para que te pongas vos en la silla. Acá te tenés que poner a mirar apenas entrás porque el resto es con escaleras, no hay rampas. Y allá en sillas de ruedas están re avanzados, no pesan nada, tienen respaldo bajo. Son pequeñas cosas que a nosotros nos ayudan. Y eso acá en Uruguay no se ve", señaló

Las diferencias también son enormes a nivel del tratamiento médico: acá el pronóstico era negro, iba a tener que estar en una cama dependiendo de alguien, siempre. Y en Buenos Aires lograron darle independencia desde la silla de ruedas.