Hidroponía: la agricultura urbana
Cada vez más personas producen sus alimentos con la técnica de la hidroponía. Una forma cómoda de abastecimiento para grandes extesiones y para espacios reducidos, útil y fàcil de llevar a delante. La práctica se originó hace cientos de años, pero que se volvió una herramienta a futuro. Esta forma de cultivo tiene ventajas que la vuelven más cómoda y una solución a muchos problemas como la falta de tierra. Diego Zas comenta acerca de los uruguayos que se dedican a esto y nuevos proyectos.
La gran aglomeración en los centros urbanos reducen cada vez más los espacios y hace que disminuyan los centros verdes. Pero esto no puede amedrentar a aquel que quiera cultivar sus propios productos. Por eso, cada vez más gente, en muy escaso espacio como ser un balcón, en lugar de poner plantas ornamentales, está cultivando tomate, una lechuga o frutilla. Esta técnica también está ayudando a miles de personas de asentamientos a producir sus propios alimentos.
Estamos hablando de una técnica de cultiva ancestral. Ya en la antigua China o en la India se practicó esta forma de producción de alimentos.
Un ejemplo concreto: los aztecas construyeron una ciudad en el lago de Texcoco y cultivaban su maíz en barcos, en barcazas que tenían un entramado de pajas, y de ahí se abastecían. Otro ejemplo: los jardines colgantes de Babilonia, una de las siete maravillas del mundo antiguo. Estos jardines eran hidropónicos porque se alimentaban de agua que fluía por los canales.
Viniendo más acá en el tiempo nos encontramos con un redescubrimiento de la hidroponía. Fue durante la Segunda Guerra Mundial que los ejércitos norteamericanos en el Pacífico se abastecían en forma hidropónica. En la isla de Hawaii, en Iwo Jima; incluso cuando Estados Unidos ocupó Japón, hizo grandes botes hidropónicos para abastecer a sus soldados. De allí nació la hidroponía en Japón: vino con la Segunda Guerra Mundial, y los japoneses -por su falta de espacio y de agua- desarrollaron la tecnología norteamericana a niveles asombrosos y hoy están en la vanguardia de esta técnica de cultivo.
Pero la hidroponía no es solo una técnica de origen ancestral, también se proyecta como alternativa para el futuro. La Nasa la utiliza desde hace ya 30 años, pensando en alimentar a los astronautas. Hoy en día las naves espaciales viajan seis meses o un año y hay que alimentar a los tripulantes durante ese tiempo: la cosa ya no funciona con pastillitas, sino que tienen que comer productos vegetales cultivados ahí, en el espacio. Entonces, la Nasa ya está produciendo con esta tecnología desde hace mucho tiempo.
Vamos al origen de la palabra. Hidro significa agua y ponia, trabajar: hidroponía es trabajar en agua, lo que lleva a cultivar en agua.
Podemos perfectamente cultivar en agua, porque las plantas desarrollan unas raíces especiales que pueden "respirar" bajo al agua. Distinto a cuando una planta es cultivada en tierra y el suelo se inunda, el agua se encharca, en cuyo caso las raíces no pueden respirar y la planta se muere. En el caso de la hidroponía, las raíces están adaptadas para respirar bajo el agua, absorber nutrientes, crecer y desarrollarse.
Los recursos necesarios para practicar la hidroponía casera son mínimos: recipientes, soluciones nutritivas, sol y poco más. Lo difícil en Uruguay es aprender la técnica, que está muy poco extendida
En Uruguay existe un verdadero referente en materia de hidroponía. Hablamos del Ingeniero Agrónomo Martín Caldeyro, presidente de la Asociación Uruguaya de Hidroponía (Asudhi) quien comenzó con esta actividad a principios de los noventa
"Me inicié en la hidroponía en forma totalmente circunstancial, en el 93 cuando llega a mis manos un libro, un manual de la FAO que, al leerlo, me di cuenta que lo que leí iba en contra de los conceptos que había aprendido en la Facultad de Agronomía. Era algo totalmente nuevo y me pareció fabuloso. Si era verdad, era una estrategia muy interesante. Empecé en el fondo de mi casa, con dos contenedores con cáscara de arroz y arena, bien sencillito. Me acuerdo que planté lechuga en un invierno muy crudo pero para mi sorpresa, las lechugas vinieron y fueron tantas que no supe que hacer con ellas. Ahí me di cuenta que lo que estaba en ese manual era verdad, armé un invernáculo de 250 metros cuadrados en mi casa y arranqué a investigar el tema", dijo Caldeyro.
Luego, Caldeyro fue aprendiendo sobre la marcha, porque no había nadie en Uruguay que lo ayudara. Siguió trabajando con el libro de la FAO como base, pero cuando le sacó todo el jugo al libro, salió a buscar información por otro lado. Fue ahí que consiguió el apoyo del Ministerio de Ganadería, que lo mandó a Chile para recorrer granjas hidropónicas comerciales. Entró en contacto con universidades como la de Talca y con la FAO misma, que por ese entonces se encontraba difundiendo la hidroponía en toda América Latina.
En la FAO le dijeron que hacía años que querían hacer algo en Uruguay, pero que nadie las había dado corte. Entonces lo capacitaron a el, y hoy día es el principal impulsor en Uruguay y un referente a nivel mundial en materia de hidroponía. Tan así que en el 2006, tras el tsunami asiático, Caldeyro fue llamado por el gobierno de Tailandia para instrumentar un proyecto de hidroponía con la gente afectada por el tsunami.
"Fue muy gratificante porque estaba trabajando en una situación de desastre natural, donde murió muchas gente, gente que perdió todo. Y la FAO de Asia, que estaba instrumentando un proyecto allá, necesitaba alguien que supiera de hidroponía y que fuera también especialista en proyectos sociales, una conjunción que no abunda en el mundo. Montamos el proyecto y ahora las familias que hicieron sus huertas con esta tecnología están cultivando y están vendiendo. Fue una cosa muy fuerte porque, que a uno lo llamen de la otra punta del mundo, fue una gratificación que a uno lo mueve a seguir adelante en este tipo de cosas", sostuvo Caldeyro
Cuando hablamos de hidroponía tenemos que diferenciar la comercial - de alta tecnología - de la hidroponía social con tecnología sencilla.
En Uruguay hay pocos productores trabajando a nivel industrial. En particular, podemos hablar de dos grandes productores de berro, que cuentan con unos 2.500 metros cuadrados de invernadero y que lo venden a todos los supermercados. También, hay productores de endivia, de brotes de alfalfa y de soya.
En el caso de los producción más sencilla, tenemos por un lado particulares, que por motus propio se lanzan a este tipo de cultivo y otras personas que comenzaron esta actividad gracias a un proyecto de la Asociación Uruguay de Hidroponía junto a Coca Cola, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Ministerio de Salud Pública (MSP).
Ante la interrogante de saber si los productos hidropónicos tienen el mismo sabor que los cultivos de tierra, esto fue lo que contestó Caldeyro: "El público piensa que las diferencias son negativas, pero cuando uno cultiva y tiene en el fondo de su casa cultivos de rabanitos, tomates... Las verduras retoman su gusto original. Uno adquiere sabor de vuelta con esta técnica. No es un sabor diferente o raro, al revés, le proporciona un sabor original que los productos que se venden en los supermercados ya no los tienen. Además, no sólo recuperamos el sabor, estamos estudiando el grado de contaminación de la hidroponía y con un sistema de monitoreo no está dando que la contaminación que tienen los cultivos hidropónicos es cero", explicó.
El ingeniero Cladeyro hacía referencia a la nula contaminación de los productos hidropónicos. Y es que esta técnica, además de estar al alcance de cualquier vecino de edificio, tiene otras particularidades beneficiosas. Por ejemplo: el hecho de prescindir de tierra. ¿Qué beneficios tiene esto? Que la tierra debe tener materia orgánica, que le da esponjosidad y otras condiciones necesarias, pero la materia orgánica es también el sustento de microorganismos. Algunos son positivos, pero una gran cantidad de ellos producen las enfermedades, enfermedades típicas del suelo. Pero si usamos agua u otros sustratos, estos son inertes: no tienen vida, no tienen materia orgánica y por lo tanto nos olvidamos de las enfermedades del suelo, como ser los hongos. Y esto trae como consecuencia positiva que no se deban utilizar pesticidas o desinfectantes del suelo, como es usual en los cultivos en tierra.
Desde 1992, la FAO viene impulsando la capacitación en hidroponía con la finalidad de mejorar la calidad de vida de grupos familiares y comunitarios en zonas urbanas y peri - urbanas marginales.
En Uruguay existe una proyecto declarado de interés nacional para la promoción de la hidroponía. El mismo fue presentado por la propia asociación que dirige Martín Caldeyro.
Se trata del proyecto "Agricultura Urbana, para Población de escasos recursos, mediante el desarrollo de Huertas Hidropónicas, como Estrategia de Seguridad Alimentaria, en asentamientos peri-urbanos de Uruguay". Cuenta con el apoyo de Coca Cola y también del BID
"Esto nace en el 2002, cuando comenzaron a morir niños por desnutrición, algo patético para Uruguay. Hace años que quería traer para acá la experiencia que venía llevando adelante en otros países. Y durante la crisis armé un proyecto, que fue declarado de interés nacional, para hacer hidroponía en todo el Uruguay. No conseguimos recursos del Estado y nos pusimos a golpear puertas de empresas privadas. Allí apareció Coca Cola que se puso a nuestra disposición, tomándose el proyecto como un desafío institucional. Nos apoyó en la etapa inicial que fue la de promover la etapa de autoconsumo en algunos barrios de Montevideo y Canelones", sostuvo Caldeyro.
Actualmente, al cabo de dos años, se capacitaron a más de 500 familias, lo que significa unas 2.000 personas, de las cuales la mayoría tiene su huerta hidropónica en la casa. Gran parte de esta población vive en asentamientos. Debido a la escasez de recursos, este proyecto está limitado a algunos barrios que son Malvín Norte, Carrasco Norte y la Cruz de Carrasco. Del lado de Canelones están trabajando en Paso Carrasco.
Carla Vinoli es una de las más de 200 personas que están trabajando con hidroponía en Paso Carrasco. Tiene 37 años y es oriunda de Florida. Sus padres se dedicaban a la lechería y nunca le entusiasmaron mucho las plantas. Hoy día, ella está ayudando a Cladeyro en la difusión de la hidroponía.
"Yo me acerqué por medio de la médica de familia de acá, de Paso Carrasco. Hice el curso que dictaba el ingeniero Caldeyro y empecé a producir para la familia y de a poquito empecé a reunir gente para que se acercara a los cursos. Me junté con los vecinos para hablar sobre hidroponía para que se interiorizarán sobre el tema. En casa yo tengo un pequeño invernáculo de dos por dos, todo para consumo familiar. Tengo acelga, perejil, apio, lechuga, tomates, depende de la época", sostuvo Vinoli.
Este emprendimiento arrojó algunos resultados inesperados, resaltados por el propio Caldeyro en un informe que él realizara. Por ejemplo, la autoestima familiar. Lo que pasó fue que los participantes, al comenzar a constatar resultados concretos, es decir consumir sus propias verduras hidropónicas de primera calidad, caen en la cuenta que vuelven o comienzan a ser capaces de algo. Carla contó sobre las mejoras que le trajo a su vida la incorporación de la hidroponía y también mencionaba el impacto que tuvo en su comunidad
"A mi me brindó una calidad de vida mejor. Nosotros no introducíamos la verdura en la mesa de la familiar. Por temas de trabajo, falta de tiempo, comprábamos comida rápida. Ahora los chiquilines comenzaron a comer más verdura. El hecho de ver el proceso de cultivo, les da un empuje a los chicos a que aprendan a valorar lo que tienen en la mesa. Ves que hay personas que se unen, familias que se unen por el trabajo en la huerta. Gente que sufría de depresión que encontró un escape y un sentido para su vida a través del cultivo en huertas", estableció Vinoli.
La segunda etapa de este proyecto, que cuenta con una apoyo a instancias del BID, busca que las personas pasen del autocultivo a la microempresa, con la idea de generar ingresos. Para ello están seleccionando personas de la primera etapa para construir sus propias empresas y también capacitar a nuevos productores.
Hoy en día no existen instituciones que enseñen esta técnica. Todo sigue siendo medio de boca en boca. De todas formas, Caldeyro espera que, a medida que su iniciativa se vaya propagando, el Estado tome el tema y lo promocione con más energía
No hay en Uruguay un lugar donde se brinden cursos, ni la Facultad de Agronomía enseña y ese es un debe que tenemos nosotros, que esperamos solucionar más adelante. Abrir una ventanilla y que la gente se pueda capacitar. Pero el problema es que somos una asociación pequeña y nosotros queremos armar programas modelo y que el gobierno, dentro de sus políticas sociales lo utilice como un modelo de desarrollo. La pregunta final para Caldeyro fue si éste u otros gobiernos han dimensionado la importancia de esta técnica y los resultados obtenidos.
"Nosotros hemos invitado a organismos del Estado y figuras políticas en todas los eventos que hemos realizado. Pero eso no se ha concretado en algo tangencial. Pero las cosas llevan su tiempo en Uruguay. Nosotros hacemos esto sin política partidaria, estamos convencidos de lo que hacemos y ya llegará el momento en que algún gobierno se interese y apoye esta iniciativa", concluyó Caldeyro.